Después de años de una carrera intensa que la llevó a dividir su vida entre Argentina y Chile, Rocío Marengo atraviesa uno de sus momentos más plenos. Invitada a LAM, el ciclo conducido por Ángel de Brito, habló con sinceridad sobre su pasado laboral, sus prioridades y la decisión de apostar de lleno a la maternidad con la llegada de su hijo Isidro.
Consultada sobre aquellos años de viajes permanentes y agenda cargada, Marengo hizo un balance positivo: “Estaba realizada como mujer con mi laburo. A mí me da mucho orgullo mirar para atrás”, aseguró. Recordó que vivió mucho tiempo en Chile y que su vida sentimental quedó muchas veces en segundo plano: “El novio lo tenía acá, trabajaba allá; tenía novio allá, trabajaba acá… o sea, nunca aposté al amor”.
Ante la pregunta de Pepe Ochoa sobre si se arrepiente de algo, fue contundente: “No, porque hoy estoy con la persona que quiero estar”. Y explicó que hubo un momento en el que decidió cambiar el rumbo: “Cuando senté cabeza dije: ‘Okay, me la juego porque se me pasa el tren’”
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Sobre su deseo de ser madre, reveló que no fue un camino sencillo. Ante la consulta de De Brito sobre si antes había estado cerca de concretarlo, contó que atravesó dificultades: “En un momento con Edu se me había puesto peluda la cosa. Había pensado en tenerlo sola, porque yo quería ser mamá”.
Finalmente, celebró que su hijo sea fruto de su relación con Eduardo Fort: “Yo quería mi bebé… pero hoy digo: ‘Qué bueno que fue con Edu, qué lindo compartir esto y qué bueno que él no se lo perdió’”. Según detalló, la paternidad también transformó a su pareja: “Está feliz, se sacó veinte años de encima”.
En el cierre, reveló cómo eligieron el nombre del pequeño. “Isidro surgió muy poquito antes de la internación, a los ocho meses”, contó. El significado, ligado al campo, le recordó a su padre: “Tenemos campo y me gustaba que fuera con ‘i’. También estaba Hilario en la lista, pero me gustaba más decir ‘Isi’ que ‘Ili’”.
Hoy, lejos del vértigo de aquellos años de agenda desbordada, Marengo disfruta de una etapa distinta, donde el trabajo ya no es la única prioridad y la maternidad ocupa el centro de su vida.