Erika de Sautu Riestra (59) está en un gran momento profesional: viene de trabajar en Un gallo para Esculapio, y ahora la rompe con su personaje -la médica esteticista ilegal Olga Giuliani- en la exitosa serie de Netflix En el barro. Pero no todo fue fácil en su vida ya que cuando fue mamá por primera vez, hace 28 años de su hijo mayor, Gaspar, tuvo que dejar su carrera de lado para abocarse de lleno al cuidado 24-7 de su “bebé gigante”, como define a su primogénito. “Me convertí en una mamá de terapia intensiva”, explicó Erika.
Ahora, en charla íntima con el periodista Nico Peralta para Pronto, la actriz reveló otro costado dramático de su vida: el polémico trabajo de su padre, que lo llevó a exiliarse a Paraguay y no tener más vínculo con la familia.
-¿De qué origen es tu apellido de Sautu Riestra?
-Es rarísimo, largo y extraño porque encima es de Sautu Riestra, todo separado y con el de en minúscula. Es vasco francés. Es un apellido compuesto y no lo corto porque es así entero, es un solo apellido. Y Erika es mi nombre real, de pila, así con la k. ¡Una mezcla!
-Tenés un nombre llamativo.
-A mí mucha gente me critica que no me haya puesto otro apellido para mi carrera artística. Pero no tengo ganas. ¿Te acordás en los 90 cuando apareció Schwarzenegger y todos tuvimos que aprender cómo mierda se decía el apellido? Todos lo aprendimos. Qué sé yo, es mi apellido y no me da para cambiármelo.
-¿Sos argentina?
-No. Mi padre viajaba mucho y nací en Asunción, Paraguay. Mi hermana más chica y yo nacimos ahí y después ya volvimos para acá. En la adolescencia me hice argentina, me naturalicé. En mi familia son todos argentinos y nací de pedo en Paraguay. Tengo 59 años, mi papá era aviador y traficaba entre Argentina y Paraguay con la avioneta. Los milicos de acá lo tenían fichado y por eso se escapó a Paraguay.
-Cuando decís que traficaba, ¿a qué te referís?
-A que mi viejo traficaba entre los dos países puchos y whisky. Tremendo. Entonces, mi hermana más grande es argentina y yo y la más chiquita nacimos allá. Después mi mamá, Susana, se separó y se vino para acá con nosotras cuando éramos bebés. Mi viejo se quedó en Paraguay.
-¿Volviste a tener contacto con él?
-No, nunca nos interesó. Como me vine de muy chiquita a Buenos Aires, no me acuerdo de nada y casi no tengo recuerdos de mi padre. Aparte a él tampoco le interesó volver, entonces no hubo vínculo. Para mí, mi papá es la pareja que después tuvo mi mamá durante 30 años; ese es mi papá. Le decíamos Muni y ya no vive. Fue mi papá del corazón, el que me crió. Muni era médico. Ellos después navegaron 25 años. Teníamos velero nosotros y se fueron a navegar por todo el Caribe durante 25 años y vivieron ahí.
-¿Tu mamá se fue con él?
-Sí, sí. Mi vieja era artista plástica y después ama de casa. Ella estudió en Bellas Artes, se formó ahí. En mi caso, a los 18 definí que quería ser actriz. Dejé el colegio a la mierda, me hinché las bolas porque me echaban de todos los colegios, repetía y dije: “Voy a estudiar lo que amo”.
-¿Por qué te echaban de los colegios?
-Porque era muy quilombera. Dije: “Voy a estudiar lo que amo”, entonces me anoté en lo de Lito Cruz, que fue como mi papá. Cuando me anoté, al año mis viejos se fueron a su viaje por el Caribe, así que a los 19 ya mis viejos no vivían más acá y mi refugio fue el teatro. A mí el teatro me cambió la vida. Pero siempre, viendo para atrás, lo tuve. En el colegio en todos los actos de la primaria y la secundaria actuaba. Entonces, evidentemente ya tenía algo. No lo sabía, no era consciente, pero ya había algo.
-A los 19 se fueron tus viejos, ¿y tuviste que salir a trabajar?
-Al principio, laburaba de moza, paseaba perros y hacía todos los laburos que me permitieran tomar clases de teatro e ir a castings. A los 24 años audicioné y quedé en mi primer laburo, en el Teatro San Martín. Era una comedia musical de Alejandro Dolina y era también un sueño trabajar en el San Martín. Ahí dije: “Ya está, soy actriz”. Fue una audición de un mes y pico porque se presentaron 1500 personas y quedamos 35. Había que cantar, bailar, actuar. Era tipo Fama o Flashdance. La obra se llamaba El barrio del ángel gris, que es un libro de Dolina. Quedé y después hice Peter Pan. Laburé mucho en teatro, cine y publicidades, hasta que lo tuve a Gaspar, que es mi hijo más grande, que tiene parálisis cerebral. Ahí tuve que dejar todo.
-¿Qué edad tiene hoy Gaspar?
-Hoy tiene 28. Su llegada me cambió la vida porque tuve que dedicarme a él. O sea, a un hijo que tenés que estar luchando para que viva, para que respire. Me transformé en una mamá de terapia intensiva. Tuve que dejar todo a los 30, y durante muchos años lo cuidé yo, hasta que después aprendí que podía tener enfermeras, cosa que no sabía. Empecé a entrar en el mundo de la discapacidad, a conocer la ley, a saber cuáles son tus derechos, qué cosas te corresponden y qué no. Empecé a tener enfermeras, primero de día durante siete años pero tampoco podía trabajar porque a las siete de la tarde se iban, entonces no podía ir a audicionar ni a grabar ni a nada. Así que por casi diez años dejé de laburar.
La entrevista completa con Erika de Sautu Riestra está en la edición digital de abril de revista Pronto, se puede descargar y leer de manera gratuita haciendo click en este link