Actriz con una extensa trayectoria en teatro, sobre todo en el circuito independiente, Ana Garibaldi (55) tuvo sus primeros pasos en pantalla chica de la mano de Julio Chávez en el unitario de Pol-ka Tratame bien pero, sin dudas, la popularidad y el reconocimiento le llegaron gracias al personaje de Gladys Guerra, viuda de Borges, primero en la serie El marginal y luego en En el barro, donde se convirtió en la protagonista absoluta de la historia de la plataforma Netflix que cuenta los avatares que enfrentan las reclusas del penal La Quebrada. En medio del bochinche y el ruido mediático que generaron por estos meses la serie, Ana se tomó un tiempo para hablar con Pronto.
-¿Cómo estás transitando este gran momento de la serie y de tu carrera?
-Muy bien y muy feliz. De verdad, estoy muy contenta. Bueno, primero porque sabíamos que estaba bueno lo que estábamos armando. Pero fue un estallido importante, no solamente a nivel argentino, sino mundial. Hay una llegada impresionante; estoy muy impresionada con eso.
-¿Te escriben de otros países?
-Sí, ¡un montón! Me escriben de Francia, de España y de Chile sin parar. De muchos lados de Latinoamérica y de algunos lugares de Europa también. De Italia. Entonces ahí es cuando tomo dimensión un poco; a veces, estoy medio negada y no me avivo tanto. Está muy explosivo el asunto.
-Eso está bueno porque podés ampliar las fronteras de tu carrera y hacer cosas afuera, ¿no?
-Mirá, muchas veces me lo preguntan a eso. No, no lo estoy pensando como una posibilidad. Qué sé yo, depende lo que sea que aparezca, si es que aparece. Ahí veremos. Pero no, por ahora venimos tranquilos, vamos a ver. No lo quiero pensar mucho.
-¿Cómo surgió tu protagónico? Porque Gladys es un personaje importante de El marginal, pero en En el barro sos la protagonista.
-Primero a mí me llamaron para hacer El marginal y estuve en todas las temporadas: desde la uno hasta la cinco incluida. Me llamaron para hacer lo que se llama un bolo, que es cuando vas por unos días o un par de capítulos o de escenas. Empezó a funcionar eso y ya después de la primera y la segunda temporada, los autores en alguna reunión de estreno se me acercaban y me decían que tenían muchas ganas de seguir escribiendo porque les copaba el personaje y cómo era el vínculo de Gladys con los personajes de Mario Borges y Diosito.
-Fue un primer indicio.
-Se armó algo interesante ahí y veía que todos estaban copados. Siguieron escribiendo, después ya en la cuarta y la quinta temporada me contrataron y ahí empezaron a pasar cosas un poco más personales, más allá de contar el mundo de la delincuencia fuera del penal, que era lo que ella manejaba afuera. Ahí terminó El marginal y Claudio Rissi muchas veces me decía: “Vas a ver que tu personaje va a traer cola porque está bueno y porque no sé qué”.
-¿Te la veías venir?
-No, para nada. Yo no entendía a qué se refería Claudio. Creo que él tampoco sabía bien hacia dónde, pero veía que había tela para cortar ahí. Cuando terminamos de grabar El marginal, al tiempo empezaron a pedir mucho que hubiera un spin-off. La gente estaba medio desesperada porque no quería que se termine la historia. También lo pedían a Antín, el personaje Gerardo Romano. Se fue armando una bola cada vez más grande y se ve que se dieron cuenta de que valía la pena. Ahí me llamaron para hacer En el barro. Ese es el recorrido.
-¿Cómo te lo dijeron?
-No me lo esperaba y me enteré por Luis Ziembrowski, que es un actor con el que estábamos compartiendo teatro y él también había estado en El marginal; es el abogado al que le pego el tiro en la rodilla y que termino liquidando. En 2023, estaba haciendo teatro con él y así entre patas del escenario, me dijo: “Che, van a hacer una serie de la cárcel femenina, preparate”. Le respondí: “¿De dónde sacaste eso vos?”, en medio de una función y fue todo muy gracioso. Después, a los días me encontré de casualidad con Alejandro Ciancio, que es uno de los directores de En el barro y que también dirigió El marginal, y le pregunté si era cierto lo que me había dicho Luis. “Sí, sí, es cierto, es para el año que viene. Ya te van a llamar”, me contestó. Y así fue. Me llamaron y me dijeron: “Bueno, queremos hacer dos temporadas”. Me contaron un poco de qué iba la cosa y fue así como lo escuchás.
-Sos una actriz que venía haciendo mucho teatro, pero la popularidad te llegó con esto, ¿no?
-Sí. Hubo un momento anterior, en el que hice Tratame bien, en Eltrece con Julio Chávez y Cecilia Roth. Ahí hacía de la novia de Guillermo Arengo, una psicóloga. Nada que ver con Gladys Guerra, ¡otra cosa! Ahí sí hubo un momento de reconocimiento, pero mucho más tranquilo. Con El marginal, sin ser protagonista, ya sentía que había un reconocimiento de la gente y me escribían por las redes. Era la época de la pandemia, estábamos en la plaza con barbijo con mi hija, y me sacaban igual. Ahí me di cuenta de que había cambiado la cosa.
-Y con En el barro explotó todo.
-Sí, ya directamente es muy grande la cosa. ¿Cómo me llevo con las selfies, los saludos y el reconocimiento? Antes de que estrenáramos no lo había pensado y me llevo bien. No soy una persona fóbica a la gente tampoco. Si bien no soy una sociable total, la paso bien porque me tiran muy buena onda y son bastante respetuosos. Si estoy con mi hija, les digo: “Esperen un minutito, que termino de hacer lo que estoy haciendo”, y me esperan. Hoy me agarraron, por ejemplo, cuatro obreros que iban caminando buscando comida al mediodía. Y me saqué una foto con cada uno. O sea, buena onda. No siento que me invadan, son bastante respetuosos.
-¿Tu hija entiende todo esto?
-Amanda tiene nueve años y sí, sabe todo. Entiende que vengo haciendo una serie y desde El marginal, que ella era más chiquita, ya sabía que me iba a grabar y que tal vez me saludaban. Ahora está pensando que soy famosa, está como en ese mundo. Le explico que no es tan así. “Me están conociendo por esta serie”, le explico. Mi hija me va avisando. “Te están mirando allá, mamá”, me dice. O me carga cuando se me acercan a saludarme y felicitarme por lo que hice.
-¿Ella vio algo de la serie?
-No porque la serie no es para chicos. De El marginal me pidió ver algo y busqué específicamente alguna escena light, como un llamado telefónico o cosas sencillas que ella pudiera ver. De acá estuve intentando ver si podía ver algo. No sé cuánto vio, porque nosotros tenemos clave en casa. En un momento había sacado la clave y la volvimos a cambiar porque no solo no puede ver En el barro sino un montón de otras cosas que no queremos que tenga acceso. Solo vio los títulos y tiene en su habitación un póster que a mí me regalaron en el junket de prensa. Ese tipo de cosas.
Por Nicolás Peralta // Fotos: Album personal de Ana Garibaldi
La entrevista completa con Ana Garibaldi está en la edición digital de abril de revista Pronto, se puede descargar y leer de manera gratuita haciendo click en este link