La modelo e influencer, Anabel Sánchez, participó de una charla íntima con la psicóloga Sofi Calvo en un nuevo capítulo de La Sesión, donde profundizó sobre su infancia marcada por la vulnerabilidad económica, la violencia familiar y el proceso de reconstruir su identidad tras volverse viral.
Sánchez se alejó de las pasarelas y el contenido de moda para sumergirse en una historia personal de supervivencia que comenzó mucho antes de la fama: "Fue una vida muy complicada. Me tocó trabajar desde muy chica, no lo digo como orgullo porque me hubiese gustado estar más centrada en mis estudios. Siento que hay parte de mi infancia y adolescencia que ya no recuerdo, como que se nubló".
Con una crudeza particular, Anabel relata cómo la falta de recursos moldeó su mirada del mundo desde temprana edad: "Desde los cuatro años era una niña muy despierta, muy consciente de lo que pasaba alrededor; las peleas por falta de dinero, el hambre. Recuerdo ir a la feria de Solano a acompañar a mi familia a vender cualquier cosa que sirva para tener el pan de cada día. Era sobrevivir".
A lo largo de la charla, la joven no esquiva el impacto de haber crecido bajo una "figura paterna" violenta y el alivio que significó romper el silencio: "Él siempre fue muy violento verbal y psicológicamente. A los 13 o 14 años, a partir de una charla con mi hermana, fuimos con mi mamá y mi abuela a la comisaría a hacer la denuncia. Yo quería que esa persona se vaya de mi casa porque nos estaba haciendo mal. Hoy para mí está muerto, pero es muy difícil al día de hoy no tener cierta ansiedad al salir a la calle".
La entrevista también aborda la complejidad de su presente y la culpa que siente al disfrutar de su éxito actual: "Mi mayor miedo es tener que volver a empezar de cero, volver a pasar hambre. Me pasa que no me puedo dar mis gustos, no puedo ir tranquila de vacaciones porque siento un hilo conectado a mi familia; si ellos no lo tuvieron, yo no lo puedo disfrutar. Me voy de vacaciones con una culpa tremenda".
Para finalizar, Anabel reflexiona sobre el cambio de identidad que representó su nombre artístico y la búsqueda de sanar a través de lo lúdico: "Mi nombre es Juliana Anabel, pero cuando decidí empezar a exponerme, hundí a Juliana y todo lo que representaba. Ahora me compro juguetes, peluches; hace poco me compré mi primera Barbie original y lloré de felicidad porque estaba emocionando a la Juliana que soñaba con eso. Estoy intentando sanar mi infancia de a poco".