LA ROMPE EN EN EL BARRO

Camila Peralta: “En la primera clase de teatro sentí que nunca más iba a poder dejar de actuar”

Oriunda de Balcarce, llegó a Buenos Aires a los 17 con la meta de trabajar de actriz y lo consiguió: tras formarse con grandes maestros, comenzó a trabajar en teatro y hoy la rompe con la obra Suavecita, que se convirtió en un suceso del off, y en las tres temporadas de En el barro.

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Camila Peralta (34) se luce en En el Barro con un personaje tan intenso como conmovedor: Soledad Rodríguez, una ex mechera que cumple condena en prisión y que carga con una historia marcada por las heridas, la lucha y la búsqueda de una segunda oportunidad. Gracias a este papel, la actriz logró una popularidad masiva y se convirtió en una de las revelaciones de la serie de Netflix. Sin embargo, detrás de este presente exitoso hay años de trabajo silencioso, formación y escenario.

Camila Peralta

Oriunda de Barcarce, en el interior de la provincia de Buenos Aires, Camila construyó su camino desde el teatro, donde forjó las bases de una carrera sólida y apasionada. En esta conversación con Pronto, repasa sus comienzos, habla del fenómeno de En el Barro y cuenta cómo vive este gran momento profesional, que la tiene muy activa a pesar de que aún no comenzó a grabar la tercera temporada de la serie. “Ahora estamos filmando una serie que se llama Sanamente, con un elenco de primera: Martín Rechimuzzi, Esteban Lamothe, Inés Estevez, Juan Gil Navarro, Gustavo Bassani y Ariadna Asturzzi, que fue quien la escribió. Nos dirige Daniel Barone, la producción es de Flow con HBO y está re buena porque son ocho capítulos y una serie muy coral, de cinco personajes protagonistas”, anticipó la actriz.

-Y no te coincide en los tiempos porque En el barro arrancás a grabarla después, ¿no?

-Claro. Me quedaba justo un sanguchito de tiempo y apareció este proyecto. Dije: “Bueno, obvio, me encanta porque me gustaba mucho la historia y el equipo”. Lo que te puedo contar es que son cinco personajes que por unos motivos entrecruzan sus vidas y como ya se conocen entre todos, se intensifica ese vínculo. Y todos tienen algún padecimiento mental: algunos tienen problemas con el juego, otros tienen ansiedad. Mi personaje está enfrentándose a una recaída en la bulimia y la anorexia. Se cuenta con un tono que está bueno porque tiene un poco de humor, pero también es muy tierna y muy cruda. Estoy en un gran momento laboral por suerte porque está todo tan difícil que tener trabajo es una bendición.

Camila Peralta en En el barro

-La popularidad y el reconocimiento te llegaron gracias a En el barro. ¿Lo ves así?

-Sí, re. O sea, fue todo gradualmente. Cuando se estrenó División Palermo, en donde aparezco un toquecito, a la semana del estreno se volvió muy viral todo y me agarró un boom de reconocimiento en la calle y después la gente medio que se olvida. Lo que pasa con En el barro es que fue más todavía y es algo que sigue. Hoy, ayer y todo el tiempo hay reconocimiento en la calle de la gente. Te dicen que les gustó mucho la historia, conocen al personaje, te hablan y te preguntan qué va a pasar. También mi rol es diferente porque tengo más participación.

-¿Qué te provoca a vos ese reconocimiento en la calle?

-Me divierte. O sea, me gusta cuando se animan a venir y a decirme algo, porque lo más incómodo para mí es cuando se ponen a cuchichear y dicen: “Ay, me parece que sí, que es ella, que no sé qué”. Y ahí no sabés qué hacer y te quedás medio en la nebulosa porque actuás normal pero sabés que están hablando de vos. Entonces, me divierte cuando vienen, me saludan y a mí no me jode para nada. Obviamente que también uno lo hace para que a la gente le lleguen los personajes y después sería muy desagradecido si no saludara o accediera a sacarme fotos.

-¿Cómo se dio tu llegada a En el barro?

-Fue por casting. Me había visto Julieta Ortega, según lo que hablé una vez con ella. Ella me vio en la obra de teatro Suavecita y le dijo a su hermano Sebastián: “Che, tenés que ir a ver esto, hay una piba que me encanta y que te va a gustar”. Después a mí me llegó el casting, no por eso, lo vio Sebastián, le gustó la propuesta y me eligieron. Luego de eso Julieta le dijo: “Viste, es ella la que te había dicho”. Siento que se tenía que dar, de una manera u otra. Suavecita me generó un cambio en mi carrera bastante notorio y me fueron a ver personas que por ahí no se acercan al teatro independiente, salvo que puntualmente les digan: “Che, vení a ver esta obra”.

Camila Peralta en En el barro

-¿Quiénes te fueron a ver, por ejemplo?

-Que vayan Adrián Suar, Ricardo Darín o productores de un montón de cosas grossas fue importante. Todo eso, si no se las recomendaron o si no está pasando alguna cosa, por ahí no van a ver porque hay muchas propuestas, es difícil y no están en contacto con ese mundo tan cercano. Fue toda una locura también Suavecita.

-¿Cuánto hace que estás con Suavecita?

-Tres años y seguimos en el Metropolitan todos los martes a las 20.30. También hacemos fechas en otros lados. El fin de semana estuve en Rosario en La Comedia, la semana que viene estamos en Córdoba y después en La Pampa. En la semana estamos acá y si podemos los fines de semana viajamos.

-La obra es un suceso del off que llegó a la Calle Corrientes.

-Sí, sí. Se vivió como algo así muy impresionante porque nosotros estrenamos y era para una sala de 85 personas. Pero de repente estrenamos y a los cuatro días teníamos cinco funciones agotadas. Después se agotaban de a 15 funciones, y eso se vivió de una manera muy loca porque nunca me había pasado y porque no pasa tan seguido en el off. Entonces fue espectacular y por ese motivo tuvimos que agregar funciones y después pasar a una sala más grande. Sigue siendo teatro independiente pero en una sala comercial y en la calle Corrientes. Eso es algo que empezaron a hacer los productores o los dueños de los teatros comerciales, que dijeron: “Che, acá también hay un negocio en un punto”. Además, ellos también apuestan a tener obras diferentes y que tienen recorridos de ensayos mucho más intensos.

Camila Peralta en Suavecita

-Se está abriendo el juego en ese punto.

-Sí y está buenísimo porque se puede mostrar otra cosa y ellos proponen quizás hacerlo en días alternativos. Obviamente yo no voy a estar con el unipersonal el mismo día que está Guillermo Francella, entonces proponen otros horarios que no los tenían cubiertos y me parece que hicieron algo muy interesante en ese punto. Pasó primero con la obra Petróleo, que fue una de las primeras que saltó a algo más.

-¿Por qué creés que pegó tanto Suavecita?

-Creo que hay varios factores. Primero que el texto cuenta una historia que es muy particular y que, al menos yo, no la había escuchado antes y de esa manera. Va mezclando algo muy terrenal con algo muy fantasioso, que es muy tierno y tiene mucho humor al mismo tiempo. El tema que trata, que es la posibilidad de que exista alguien con un don sobrenatural, me parece que es algo que atraviesa a toda la sociedad. La otra vez hablaba con unos rosarinos, que me decían que al Padre Ignacio va la gente de mucha plata y quienes menos tienen también. Lo mismo con los curanderos en Salta o en el interior del país. Una vez que la medicina les dice que ya no hay nada por hacer, van a ver qué pasa con esas personas.

-El tema es súper atractivo.

-Muchas personas se pueden sentir identificadas con creer en que exista alguien que pueda sanarlos. El formato unipersonal genera como una especie de admiración o de encanto particular porque vos ves a una sola persona que te cuenta una historia compleja y con muchos personajes, pero solita. Entonces eso tiene algo de mágico. Hoy que es todo tan digital y tan procesado, ver algo tan artesanal como un solo cuerpo transformándose en muchos, también genera cierta admiración. Así que me parece que es un poco todo ese combo.

Camila Peralta en Suavecita

-¿Cómo te preparás para rodar la tercera temporada de En el barro?

-Bien y con mucho entusiasmo porque me dan muchas ganas de saber qué escriben para el personaje. Cuando uno no leyó nada aun, es un espectador más en este momento. Después, ver a mis compañeras me parece muy divertido porque hay muchas que siguen. Las embarradas sé que está confirmado que siguen, entonces tengo ganas de verlas a ellas. Siento mucha responsabilidad al mismo tiempo porque en la temporada dos, en mi caso, tuve más participación y le gustó tanto a la gente que ahora me genera una responsabilidad extra. Hay que hacer algo que esté a la altura de esa temporada y que la supere si se puede.

-En la dos tenés muchas escenas fuertes con la China Suárez.

-Tengo un montón con la China y como están los ojos muy puestos en ella porque es la China, se generó un montón de revuelo.

-¿Se hicieron muy amigas ustedes en la vida real?

-Sí, nos llevamos súper bien. Ahora, como no nos vemos, no tenemos vínculo cotidiano, pero nos hablamos de vez en cuando y nos llevamos bárbaro. Nos reímos mucho durante el rodaje y rápidamente se armó un código en común y la pasamos muy bien.

Camila Peralta con la China Suárez

-¿Cómo fue laburar con ella?

-Súper fácil y sentía como si hubiésemos trabajado desde antes juntas. Conectar con el humor con otra persona con la que tenés que estar tanto tiempo es clave. Y eso pasó al toque con la China y lo disfrutamos mucho. Fue muy sencillo y ella es muy generosa, muy buena compañera y es buena con todos los técnicos. Te das cuenta porque les tiene mucho cariño ya que comparte con ellos desde niña, que fue cuando empezó a trabajar. Todo el mundo la quiere un montón y sobre todo eso sucede con la parte técnica. La buena onda que tiene ella me encanta y sobre todo que no haya diferencias entre los actores y los técnicos, sino que todos somos trabajadores para que esto salga adelante.

-Tenés la misma edad que Eugenia. ¿En Balcarce la mirabas en Casi Angeles, por ejemplo?

-Sí, obvio, ¡yo veía todo! Imaginate que consumía todo porque me moría de ganas de estar ahí y de ser yo quien esté actuando. No era que consumía ficción solo por el placer de consumir, sino por las ganas de estar ahí. Me acuerdo mucho de esa sensación y de decir: “Qué lindo sería vivir en Buenos Aires y poder estar haciendo eso ahora”. De chiquita flasheaba eso y recontra consumía Casi Angeles.

-¿Cuándo dijiste convencida: “Quiero ser actriz”?

-Siento que lo sé desde siempre. Es muy loco porque mis recuerdos son de tener el deseo de hacer eso, incluso sin saber que era algo que se podía concretar. No sabía cómo porque en Balcarce no había clases de teatro y nadie que se dedique a actuar, pero a mí me movía mucho. En la primera clase de teatro que tomé acá en Buenos Aires supe que esto era lo mío.

Camila Peralta 

-¿Qué edad tenías?

-Me vine a estudiar cine, pero antes empecé con clases de teatro. La primera clase a la que fui fue a los 17 años. Fue un antes y un después, y se me transformó la cabeza directamente. Es muy loco porque es como una especie de sensación medio espiritual, como si me hubiese elevado y me hubiese sentido diferente a lo que había sentido antes en mi vida. Todo eso en una clase, ni siquiera arriba del escenario con gente mirando. Sentí algo muy fuerte que no iba a poder dejar de hacer nunca.

-¿Te costó encausar todo eso?

-Sí. Es un camino difícil porque hay mucha gente que quiere actuar y no hay tantas posibilidades. Pero siempre me lo tomé como un deseo, más que como un trabajo o con ganas de ser famosa. Yo solo quería actuar, aunque fuera en una obra de teatro para 20 personas. Y eso es lo que hice todo el tiempo.

-¿Tu familia te apoyó cuando te viniste de Balcarce a estudiar esto?

-Sí. Ellos me apoyaban, pero también yo laburaba de otra cosa. Mis viejos son unos genios: mi papá, Raúl, es mecánico y mi mamá, Rosana, maestra de chicos sordos. Papá tiene un taller de maquinarias de campo porque Balcarce es todo campo, así que de esa onda. Nada que ver con lo que elegí yo. Ellos son muy amorosos y siempre apostando a que yo sea feliz. Ellos me iban a apoyar en lo que eligiera que me hiciera feliz. Eso es muy hermoso y lo agradezco un montón, porque de otra manera no hubiese podido. Me pagaban el alquiler y yo trabajaba de otras cosas para darme mis gustos.

Camila Peralta 

-¿Cuál fue tu primer trabajo?

-Fue haciendo tragos en una barra en un restaurante de sushi. Después fui niñera, luego fui boletera en el teatro: primero en La Carpintería Teatro, luego en El excéntrico del 18 y en El Tinglado. Mis viejos vinieron a cada estreno de una obra mía y siguen viniendo. En Suavecita, por ejemplo, mi mamá vino en una combi con 25 personas, entre parientes y amigas de ella y de mi abuela. Viajaron cinco horas, vieron la obra y volvieron a Balcarce otras cinco horas. Para mí eso es impagable. El apoyo ese lo valoro un montón.

-¡Qué lindo!

-Sí, es muy lindo y desearía que a todo el mundo le pase eso, porque es tan importante que tus padres te validen o que te digan: “Che, seguí por ahí o está bien lo que te haga feliz”. Eso hace la diferencia para mí: cuando confían en vos o no. Después te podés abrir de alguna manera revelándote a eso, pero debe ser un poco más difícil. A mí ellos me la hicieron bastante fácil.

-¿Con quiénes te formaste?

-Con Valentina Fernández de Rosa estudié dos años y después con Cristina Banegas, pero muy poquito tiempo porque al toque empecé a actuar y a trabajar en el teatro como asistente de dirección, tenía muchos ensayos y no podía ir a clase. Prefería estar haciendo cosas, entonces ya no estudié más con ella, pero el paso por ahí estuvo buenísimo. Conocerla a Cristina me encantó y para mí era una súper referente como actriz.

Camila Peralta en En el barro

-¿Cómo te afectó la muerte de Valentina, que fue tu maestra?

-Terrible. Me hizo muy mal y me puso muy muy triste, porque para mí ella fue muy importante. O sea que llegar de Balcarce y empezar a formarme en teatro con ella, que era una mina súper amorosa y con una mirada muy tierna y lúdica sobre nuestro trabajo, me dio mucha confianza y me dijo frases que no me olvido y me las guardé conmigo. Me acordé mucho de ellas cuando me enteré y deseo que, donde sea que esté si es que hay algún lugar, que esté feliz y en paz.

-¿Tus papás qué dijeron cuando vieron tus escenas fuertes de En el barro?

-No me dijeron nada porque ellos son muy reservados, no son de hacer mucho show y no son cholulos. Son re tranqui, entonces no hicieron mucho aspaviento. Le dije a mi papá que no vea el primer capítulo porque ahí tengo la escena de sexo y no sé si me habrá escuchado o no. Tampoco sé si la vio entera, pero mi mamá lo vio y en general me dijo que le encantó. También me han visto sin corpiño en el teatro porque me tocaba hacer una escena así y no pasa nada. Soy grande y ellos entienden que es parte del laburo, así que está todo bien.

-¿Con eso no tenés prejuicios o vergüenza?

-No, ¿sabés que no? Sé que en el teatro no haría un desnudo total, pero con la parte de arriba no he tenido problemas. También lo hice en el teatro El Sarmiento, donde teníamos una escenografía increíble y una luz espectacular; era algo muy cuidado y que tenía sentido. Un desnudo por un desnudo no me interesa. No soy muy escandalosa con eso y trato de tomármelo como parte del trabajo. Uno se entrega también a la actuación y a las escenas que tiene que hacer.

Camila Peralta 

-¿En tu tiempo libre qué te gusta hacer?

-Casi que no tengo últimamente tiempo libre, pero te puedo decir que me gusta mucho cocinar. Es una gran pasión que tengo y, modestia aparte, me sale muy bien. Hay algo que me gusta mucho hacer y es un pollo al curry con leche de coco y con un arrocito. Arriba le pongo unos toppings de palta y lima. Me gusta mucho experimentar, ese plato es muy rápido de hacer y lo tengo como caballito de batalla. Si tengo más tiempo me gusta preparar un tuco con carne y hacer unos ñoquis.

-¿Estás en pareja?

-Sí. Estoy en pareja con Carli, que es una chica rosarina que trabaja también en el mundillo audiovisual. Es directora, estrenó su corto en Bafici y también trabaja como asistente de dirección, así que estamos hace cuatro años ya juntas. Estoy re bien, recontenta, muy feliz y enamorada.

-¿Conviven?

-Sí, convivimos con dos gatitos, qué se llaman La Niño y Nico. La hembra es La Niño porque yo le había puesto Niño pensando que era un varón, y después me enteré a los meses de que era una nena. Entonces, dije: “No le voy a cambiar el nombre”. Le puse La Niño y quedó medio queer.

Camila Peralta 

-Con tu novia son del mismo palo y entenderán los tiempos extraños de la actuación.

-Sí, tal cual. Imaginate que hoy yo me fui a las 6 de la mañana a filmar y ella empezó a trabajar a las siete de la tarde, que fue cuando volví a casa. O sea que va a volver a las siete de la mañana y estamos cruzadas de tiempos por estos días. Nos entendemos, nos re acompañamos y está buenísimo eso. Conocer el mundito está bueno porque te entendés mucho más. Más ahora que sumo más teatro a mi vida.

-¿Qué vas a hacer?

-Voy a hacer funciones de Madre ficción, de Mariano Tenconi, los miércoles en el Metropolitan. Allí estoy con Valeria Lois, Diego Velázquez y Marcos Ferrante. Se estrenó el año pasado y ahora la retomamos. O sea que sigo los martes con Suavecita, los miércoles en Madre ficción, y las grabaciones de En el barro 3. Los lunes de junio y julio haré una obra que se llama Un tiro cada uno, en Timbre 4. Estoy a full ya que los viernes hago la obra Los miedos, que es improvisada en El galpón de Guevara.

-¿Cómo improvisada?

-Claro, es toda improvisada: somos seis actores en escena, hay músicos en vivo, el director está dirigiendo las luces, la música y a nosotros en el momento, y se van desarrollando diferentes escenas. Es muy hermosa la obra y en cada función pasa algo completamente diferente. No sabemos nunca qué va a pasar, no tenemos nada preparado y en cada función pasa algo especial y diferente. Es una obra que la gente repite mucho; la van a ver muchas veces porque se sorprenden con que sea tan diferente cada vez.

Camila Peralta en En el barro

Por Nicolás Peralta // Fotos: Gentileza @irishsuarez y álbum personal de Camila Peralta