Un día como hoy pero en 2002, hace exactamente 22 años, Máxima Zorreguieta pasaba por el altar para unirse en matrimonio con el príncipe Guillermo Alejandro de Holanda. Si bien todos esperaban que sea un día soñado para ella, una mezcla de sensaciones inundaron sus pensamientos y terminó llorando y un tanto sumergida en la tristeza.
El 2 de febrero pero del 2002, se celebraba ante los ojos del mundo la unión y la conversión de la argentina en reina. Si bien todos esperaban que el evento sea una fiesta total, y aunque en parte lo fue, para ella hubo algunas cuestiones que la llevaron a pasar un día con altibajos.
Sucede que, aquel día, Máxima Zorreguieta no pudo ser acompañada por sus padres, lo cual le generaba sensaciones encontradas. Se debe a que el padre de la princesa no pudo ingresar al país, ya que el congreso de los Paises Bajos se lo negó.
Esto tiene que ver con que el padre de la reina está vinculado como funcionario en lo ocurrido durante la última dictadura militar argentina, dado que se desempeñaba como subsecretario y posteriormente como secretario de Agricultura y Ganadería. Ante esta situación, el congreso de los Países Bajos consideró que tenía responsabilidad moral en los delitos de lesa humanidad cometidos por Jorge Rafael Videla y compañía.
Te podría interesar
Más allá de que en Argentina jamás se pudo determinar la culpabilidad de Jorge Zorreguieta por ser parte de este gobierno defacto, el hecho de haber pertenecido a este fue suficiente para negarle la entrada al país. Es por eso que no sólo él se ausentó, sino que María del Carmen Cerruti, la madre de Máxima Zorreguieta también lo hizo a modo de solidaridad.
Fue así como ambos vieron por televisión la boda de su hija, quien se encargó de hacerles un pequeño homenaje que terminó desencadenando en sus lágrimas y la tristeza por no poder tenerlos con ella en lo que fue el día más importante de su vida.
Se debe a que, a pedido de ella, en la ceremonia con más de mil personas presentes se interpretó la canción “Adiós Nonino”, la cual pertenece a Astor Piazzolla pero fue interpretada por Carel Kraayenhof. Al escucharla sonar Máxima Zorreguieta no logró contener sus lágrimas, por lo que en medio de la felicidad por lo que vivía se mezclaba la tristeza por no poder ser acompañada por sus padres.