El mundo del espectáculo todavía llora la partida de Diane Keaton, una de las actrices más admiradas y queridas de Hollywood. A los 79 años, la estrella de Annie Hall y El Padrino se despidió dejando no solo una huella imborrable en el cine, sino también una fortuna que ronda los 100 millones de dólares, fruto de más de cinco décadas de trabajo y de una vida tan intensa como prolífica.
Diane fue una de esas artistas que supieron reinventarse. No solo brilló frente a las cámaras, sino que también construyó una carrera paralela como escritora, fotógrafa, diseñadora de interiores y, sobre todo, empresaria inmobiliaria. Aunque suele haber variaciones entre los medios, prácticamente todos coinciden en que Diane Keaton dejó un patrimonio estimado en USD 100 millones al momento de su muerte. Parte de ese capital proviene de su carrera como actriz —actuaciones en películas taquilleras, participación en guiones, regalías—, pero también de sus emprendimientos en bienes raíces, diseño y restauración de propiedades antiguas con estilo arquitectónico definido. En los últimos meses había puesto en venta una casa valuada en 29 millones de dólares, una de las joyas de su portafolio inmobiliario.
Reservada y muy coherente con su forma de vivir, Keaton nunca se casó, pero sí formó una familia que fue su gran orgullo. En su adultez adoptó a dos hijos, Dexter y Duke, quienes fueron su gran sostén y su razón de ser en los últimos años. Todo indica que ellos serán los principales herederos de su patrimonio, un legado que incluye propiedades, colecciones de arte, libros y derechos de imagen. Fiel a su estilo discreto, Diane nunca hizo pública la existencia de un testamento complejo ni de donaciones millonarias a terceros, aunque es sabido que colaboraba con distintas causas benéficas vinculadas al arte y la infancia.
Su historia es la de una mujer que desafió los moldes de Hollywood. Nacida en Los Ángeles en 1946, Diane Hall —tal su verdadero nombre— irrumpió en la industria con una mezcla de talento, humor y carisma que la convirtieron en un ícono. Su consagración llegó con Annie Hall, la comedia de Woody Allen que le valió el Oscar a Mejor Actriz, aunque también brilló en películas como El Padrino, Reds, El club de las divorciadas, Alguien tiene que ceder y El padre de la novia. Con su estilo inconfundible —trajes amplios, sombreros y una elegancia sin esfuerzo— impuso una moda propia y una personalidad que inspiró a generaciones.
Hoy, mientras Hollywood despide a una de sus grandes damas, queda el consuelo de saber que Diane Keaton vivió según sus propias reglas, con libertad, humor y una curiosidad inagotable. Su fortuna, como su legado, quedará en manos de aquellos que más amó, pero su verdadera riqueza seguirá siendo su arte, su estilo y esa autenticidad que la hicieron eterna.