El Reino Unido vive momentos de conmoción. El expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor, hermano menor del rey Carlos III, fue detenido este jueves 19 de febrero de 2026 por la policía británica bajo la sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público en relación con su vínculo con el caso del financiero estadounidense Jeffrey Epstein, preso por delitos de tráfico sexual de menores. El arresto, que ocurrió en su residencia de Sandringham en el condado de Norfolk, fue confirmado por la policía del Valle del Támesis y difundido por medios como la BBC y Associated Press. El detenido, identificado como Andrés Mountbatten-Windsor, de 66 años, permanece bajo custodia mientras se realizan registros en propiedades en Berkshire y Norfolk como parte de la investigación abierta tras la liberación de nuevos documentos relacionados con Epstein.
La detención marca un hito sin precedentes en el largo escándalo que ha salpicado al ex miembro de la familia real británica durante años. Autoridades policiales británicas indicaron que no divulgarán el nombre mientras se mantenga la custodia, pero medios internacionales confirmaron su identidad y subrayaron que se trata del mismo hombre que previamente fue despojado de sus títulos reales y retirado de la vida pública por su conexión con Epstein. El primer ministro británico, Keir Starmer, enfatizó que “nadie está por encima de la ley” en este caso, en clara referencia a las revelaciones que continuaron emergiendo a medida que se publican los archivos relacionados con el financista estadounidense.
El arresto, que ocurrió en su residencia de Sandringham en el condado de Norfolk, fue confirmado por la policía del Valle del Támesis y difundido por medios como la BBC y Associated Press.
El origen del escándalo: amistad con Epstein
La historia de Andrés y su caída mediática comenzó a conocerse públicamente a principios de los años 2000, cuando se reveló que mantenía una amistad con Jeffrey Epstein, quien más tarde sería condenado en Estados Unidos por tráfico sexual de menores. A pesar de que Epstein fue declarado culpable en 2008 y enviado a prisión por ese delito, Andrés siguió relacionado con él y fue fotografiado en la casa de Epstein en Nueva York después de la condena del empresario, lo que generó gran controversia en los medios británicos y estadounidenses. La relación levantó sospechas sobre su juicio y su comportamiento en círculos sociales y diplomáticos.
Epstein apareció muerto en su celda el 10 de agosto de 2019. Estaba detenido en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York antes del juicio en su contra por cargos de tráfico sexual y conspiración.
La batalla judicial y las acusaciones de abuso
En 2019, un punto de inflexión fue la famosa entrevista para BBC Newsnight, donde Andrés intentó explicar su amistad con Epstein y negó haber tenido relaciones sexuales con ninguna menor en el entorno de Epstein, una declaración que fue recibida con escepticismo y críticas masivas. A raíz de esa entrevista, Andrés se retiró de sus funciones públicas y su reputación sufrió un golpe severo.
Epstein apareció muerto en su celda el 10 de agosto de 2019. Estaba detenido en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York antes del juicio en su contra por cargos de tráfico sexual y conspiración. En 2021, Virginia Giuffre, una de las mujeres que acusó a Epstein de tráfico sexual, presentó una demanda civil en Nueva York alegando que Epstein la había "prestado" a Andrés para tener relaciones cuando ella era menor de edad —una acusación que él siempre negó y que finalmente se resolvió con un acuerdo extrajudicial en 2022. Giuffre terminó con su vida el 25 de abril de 2025 a los 41 años en su casa de Neergabby, Austrailia
Consecuencias duraderas y repercusiones legales
El escándalo continuó repercutiendo en la Familia Real británica y en la percepción pública de la monarquía. En octubre de 2025, el rey Carlos III tomó la decisión sin precedentes de retirarle oficialmente a su hermano todos sus títulos y honores, un símbolo claro de la severidad de las repercusiones del escándalo. La detención actual representa un nuevo capítulo judicial en una saga que ha durado más de una década y que expuso en detalle cómo las conexiones personales y diplomáticas de figuras de alto perfil pueden tener consecuencias legales y reputacionales profundas.