Valentino Garavani, el legendario diseñador italiano cuyas creaciones marcaron décadas de moda falleció a los 93 años. Su muerte no solo fue noticia en las pasarelas de París y Roma, sino también un momento emotivo para la Reina Máxima que lo consideraba mucho más que un couturier: un amigo y artista que supo vestir algunos de los momentos más importantes de su vida.
El vínculo entre Máxima Zorreguieta y Valentino comenzó a tomar forma hace más de dos décadas, cuando él diseñó su vestido de novia para la boda con el entonces Príncipe Guillermo Alejandro en 2002. Ese diseño, un vestido de mikado de seda marfil con un escote cowl delicado y una cola impresionante, no solo cumplió con las exigencias de elegancia real, sino que se convirtió con los años en una pieza icónica de su historia personal y de la monarquía neerlandesa. Cuentan las casas de novias de la Argentina que ese año arrasaron los pedidos de mujeres que buscaban un "vestido como el de Máxima" para casarse.
Desde entonces, Máxima y Valentino compartieron una estrecha relación de respeto y admiración. No eran pocas las ocasiones en que se los veía juntos o comentando sobre moda.
El diseñador también creó para ella vestidos de gala memorables, que la reina lució en eventos oficiales y recepciones a lo largo de los años.
Algo más que un diseñador
Varios medios neerlandeses especializados en moda y familia real destacaron que Valentino no fue simplemente un proveedor de vestuario, sino alguien que comprendió y realzó la personalidad de Máxima, ayudándola a brillar en momentos de alta exigencia pública. La conexión entre una reina y un diseñador va más allá del glamour: es una suerte de complicidad creativa que se traduce en confianza y cariño.
En redes de moda neerlandesas se destacó su impacto emocional: el hecho de que él fuera el creador de su vestido de novia y un aliado en su guardarropa real hace que su partida resuene de una manera especial para ella, recordándole tanto los grandes hitos de su vida como la elegancia con la que los transitó.