AYUDA FAMILIAS

El trastorno que padecen Araceli González, Luis Machín, Carmen Barbieri y Emma Stone y que muchos confunden con un infarto

Palpitaciones, miedo a morir y una sensación de descontrol absoluto: famosos como Araceli González, Luis Machín, Carmen Barbieri y Emma Stoney muchos anónimos describen el mismo terror. Cómo se manifiesta, por qué aparece y cuáles son las claves para afrontarlo.

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Araceli González, Luis Machín, Carmen Barbieri y Emma Stone son algunas de las figuras que contaron que padecieron ataques de pánico, un grito silencioso que irrumpe en la vida de cualquiera, dejando una huella de terror y confusión. Personas a quienes imaginamos invulnerables, compartieron sus historias más íntimas para recordarnos que la angustia es universal, afectando tanto a hombres como a mujeres. 

Araceli González una de las famosas con ataques de pánico

Cuando  Mica Tinelli sintió por primera vez esa punzada en el pecho, era una adolescente y su mayor sensación fue la de una muerte inminente, una taquicardia desbocada que la dejó paralizada. Araceli González, contó que tuvo su primer ataque a los 28 años mientras protagnizaba Nano, el pánico se manifestaba como un intruso violento, una fuerza interna que le gritaba "¡Salí de mi cuerpo!". Desde Hollywood, la actriz Emma Stone confesó haber vivido constantemente "al límite", consumida por una ansiedad que la acompañó desde la infancia.

En el ámbito masculino, el actor Luis Machín reveló la crudeza de tener que actuar con pastillas desparramadas en el escenario por el temor de que una crisis le impidiera seguir. Y el futbolista Bojan Krkic confesó que el éxito en el FC Barcelona no fue suficiente para evitar las crisis, sintiendo que la presión lo superaba. En el 2015, Carmen Barbieri contó que "Tuve un ataque de pánico. Fui acumulando angustias y ayer terminando explotando",

En sus redes sociales, Mica Tinelli contó varias veces que en su adolescencia sufrió ataques de pánico

 

Estos testimonios son un espejo de la realidad de miles: un recordatorio de que ese dolor, aunque invisible en los análisis, es profundamente real. Reconocer esa vulnerabilidad y tender la mano hacia el tratamiento es el primer acto de valentía.
Los ataques de pánico son una reacción de ansiedad intensa que no se limita a una situación o causa específica y que se vive con un profundo temor. Su llegada es repentina, imprevisible y se acompaña de un amplio abanico de síntomas que abarcan desde palpitaciones y taquicardia, dolor u opresión en el pecho, sensación de falta de aire o dificultad para respirar, mareo, vértigo y molestias abdominales.

Los ataques suelen generar una fuerte sensación de miedo: a morirse, a perder el control o a volverse loco. Generalmente son de corta duración y alcanzan su punto máximo de los diez a los veinte minutos. Sin embargo, pueden prolongarse por más tiempo.
Muchas personas suelen confundir el ataque de pánico con una dolencia cardíaca y corren a una guardia médica. Allí les realizan los exámenes de rutina y, como no hay ninguna alteración clínica, se les asegura que “no tienen nada”, lo que puede provocar aún más angustia porque el dolor que sienten es real. Se da una paradoja: quien lo padece está clínicamente sano, pero tiene la certeza de que se está muriendo.

Los ataques suelen generar una fuerte sensación de miedo: a morirse, a perder el control o a volverse loco. Generalmente son de corta duración y alcanzan su punto máximo de los diez a los veinte minutos.

Hace una década, la demora promedio en llegar a un diagnóstico correcto era de siete años y el paciente deambulaba por distintos especialistas. En los últimos tiempos, la capacitación del personal de emergencia permitió distinguir mejor cada situación y detectar precozmente cuándo los síntomas no son de origen orgánico, orientando de manera adecuada a las personas. En muchos casos, lo que se necesita es contención emocional, ya que quienes llegan a la consulta médica suelen hacerlo con la firme creencia de que están al borde de la muerte.

En el 2015, Carmen Barbieri estuvo internada algunas horas hasta que descubrieron que padecía un ataque de pánico

Se calcula que entre el 2 y el 5% de los argentinos sufren ataques de pánico. La edad de aparición suele ubicarse entre los 20 y 50 años, con una incidencia aproximada del 70% en mujeres y del 30% en hombres. Una de las preguntas más frecuentes es qué los provoca. Se explica que el estrés físico o mental —accidentes, cirugías, enfermedades, desgracias o frustraciones— suele ser antecedente de la aparición de una crisis de pánico; el estrés crónico ante las exigencias de la vida cotidiana va afectando al sistema nervioso. También existe evidencia de una vulnerabilidad genética y una predisposición hereditaria a padecerlo.

En la última década las consultas por este trastorno se incrementaron un 20%. No solo influyen el estrés cotidiano y las múltiples exigencias: el deterioro de algunos lazos sociales, el aislamiento, la desconfianza frente a los hechos delictivos y la disminución del contacto comunitario también explican el crecimiento de esta problemática.

Emma Stone sufrió ataques de pánico desde su infancia, el primero a los siete años.

Por lo general, no existen síntomas precursores que anticipen que un ataque se acerca; al contrario, se trata de una situación brusca e incontrolable que irrumpe en cualquier momento y lugar. Sin embargo, aquellas personas que sufrieron un ataque de pánico generalmente quedan con cierta “sensibilidad” o estado de “alerta”. Conservan algún tipo de sensación o síntoma, llamados “gatillos”, capaces de anticipar un nuevo ataque. Estos síntomas pueden ser de los más diversos, desde un pensamiento hasta alguna sensación corporal que la persona experimentó previamente y que luego culminó en el ataque.

La mayoría de las veces, aunque no siempre, las personas están atravesando alguna situación estresante en su vida cotidiana que contribuye a desencadenar los síntomas. Por eso es imprescindible encarar un tratamiento profesional. Primero deben realizarse consultas médicas que descarten cualquier enfermedad orgánica.

Es fundamental explorar qué está ocurriendo en la vida de la persona. Generalmente, al resolver o aceptar determinados conflictos, los episodios van disminuyendo.

En muchas ocasiones, la persona sufre alguna crisis única o aislada y nunca la repite. Entonces, ¿cuándo se convierte en un trastorno? Cuando los ataques interfieren con el trabajo, los vínculos o la autoestima, o cuando se evitan actividades cotidianas —como tomar el colectivo o ir al cine— por temor a que se repitan.

Se asegura que muchas personas no concurren a un profesional por el miedo y estigma que esto representa, pero el permitirse ser tratado es el comienzo de la mejoría. El tratamiento generalmente incluye medicación (antidepresivos o ansiolíticos), psicoterapia y educación. La aplicación de técnicas de terapia cognitiva asociadas a la farmacoterapia ha demostrado gran eficacia en la recuperación y prevención de recaídas. Luego de realizar el tratamiento adecuado, el 41% de los pacientes manifiesta estar mejor, el 42% mejora pero con algunos síntomas residuales y solo un grupo muy pequeño presenta síntomas difíciles de controlar o no experimenta una mejoría total.

Herramientas posibles

La gran pregunta es ¿cómo aliviarlos? Y par eso pueden ayudar estas pistas

  • •En el momento de crisis son útiles las técnicas de relajación y respiración.
  • Es primordial comprender que lo que sucede no tiene fundamento orgánico y que no existe peligro de muerte ni de locura.
  • Durante el ataque, lo primero es intentar no asustarse y recordar que la sensación se irá disipando a medida que la persona logre serenarse.
  • Luego, es importante tratar de respirar con calma e identificar los pensamientos que provocan el estado de ansiedad.
  • Buscar actividades que distraigan la mente —llamar a un amigo, mirar TV, escuchar música— puede ayudar a atravesar el episodio.
  • Es importante no enojarse con uno mismo por presentar estos síntomas.
  • Mejorar el estilo de vida con hábitos saludables (alimentación equilibrada, actividad física, recreación y buen descanso) es clave.

Para finalizar recordar que el ataque de pánico es tratable, pero para recuperarse completamente es fundamental buscar ayuda profesional desde el inicio del cuadro.