La pirámide alimentaria que presentó el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, indicando" nuevas pautas y recomendaciones para seguir una alimentación saludable," no hace más que ratificar lo que ya numerosos estudios científicos habían determinado: se reemplaza la " guerra a las grasas" por un combate contra los ultraprocesados, para defender la " comida real".
Aunque numerosos especialistas en todo el mundo miran con sospecha que esta pirámide- que ahora es invertida- coloque en un lugar preponderante a la carne roja y los lácteos ( que se leería como un apoyo a los productores agrícolas y ganaderos de ese país) y a que no se enfatice en reducir la sal tanto como lo indica con el azúcar, el cambio es radical y tal vez sea así... debido a que la pirámide anterior data de hace más de treinta años.
En medio, la iniciativa de ex primera dama Michelle Obama en 2011 con "My Plate", que priorizaba el consumo de proteínas y vegetales por sobre los cereales, y dejaba los lácteos, los azúcares y las harinas literalmente afuera, sí significó un cambio importantísimo en la alimentación; hoy parece haberse olvidado y las razones son fáciles de imaginar.
Una historia más
Estados Unidos enfrenta desde hace más de una década una crisis sanitaria, con altísimos índices ( 50%) de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y obesidad. Desgraciadamente su influencia cultural y económica extendió la tendencia a muchos países del mundo. Pero las causas están a la vista: solo por dar un ejemplo, la industria productora de alimentos en ese país fue la introductora en 1970 de uno de los azúcares más peligrosos, el JMAF ( jarabe de maíz de alta fructosa) en sus bebidas gaseosas, golosinas y comidas procesadas de todo tipo. Este azúcar estable, barato y potente aún está en muchísimos productos que se consumen en nuestro país, reemplazando en todo o en parte a la sacarosa.
También, en los años cincuenta del siglo pasado desde ese país se demonizó la manteca, como una grasa saturada poco saludable, para introducir la margarina, que contiene grasas vegetales hidrogenadas ( hoy ya se sabe que no son beneficiosas sino todo lo contrario, ya que son grasas trans). En 2014, sin embargo, para asombro de muchos, una de las revistas más importantes de Estados Unidos hizo una polémica tapa que decía "Eat Butter", esto es "come manteca"... El huevo también tuvo su época de repudio y hoy cambió su reputación, por su valor nutricional y su casi nulo papel en el desarrollo de dislipidemias.
En suma, Estados Unidos anuncia " verdades" como si fueran revelaciones, las difunde, crea el entorno comercial para que sean rentables y de allí en más, quedan las consecuencias.
¿Entonces?
Argentina mira con interés los cambios propuestos pero siempre es mejor ver el cuadro completo, porque el país del norte no ha sido justamente sinónimo de alimentación saludable. En nuestro país, el consenso de especialistas en nutrición utiliza una guía alimentaria completa, que enfatiza en retirar azúcares y sal, añadiendo una recomendación extra-dieta: la actividad física. Aunque data de 2016, se renovaría este año.
Las dietas consideradas más saludables en el mundo como la mediterránea, la DASH o incluso la basada en plantas se recomiendan en consultorios a nivel global y están fundadas en evidencias científicas, además de la experiencia: las siguen personas que se mantienen más sanas por más tiempo. Los carbohidratos simples consumidos en exceso - azúcar, harina blanca- lo mismo que el exceso de gluten producen una inflamación en el organismo que claramente es lo más perjudicial.
El problema para muchas personas es que harinas y azúcar son ingredientes muy económicos y generan una fuerte dependencia, por lo que aparte de hacer responsable a cada uno de lo que come, se debería fomentar desde las políticas públicas -con la misma vehemencia con la que se defendieron otras causas- el acceso a alimentos más sanos.
Sobre la famosa campaña de los hexágonos negros en las etiquetas en Argentina, que buscaba justamente ayudar al consumo responsable, a cuatro años de su implementación se conocen algunos resultados. La primera Encuesta de Consumo Responsable, elaborada por el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (Cenarsecs) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) aporta el dato de que el 61% de los consumidores - concentrados en la clase media- realizó alguna modificación en su compra, como restringir o evitar productos, debido a este nuevo etiquetado. Habrá que seguir esperando.
El resumen de las indicaciones de la nueva pirámide
( fuente: La Nación)
Prioriza el consumo de proteínas densas en nutrientes en cada comida, tanto de fuentes animales (huevos, aves, carnes rojas, mariscos) como vegetales (frijoles, lentejas, nueces).
El HHS remarca que ninguna cantidad de azúcar añadido o edulcorante no nutritivo es parte de una dieta saludable. Niños menores de cuatro años no deben consumirlos bajo ninguna circunstancia.
Termina con la “guerra contra las grasas” y fomenta la necesidad de consumirlas desde alimentos integrales como carnes, huevos y lácteos enteros.
Reducción de alimentos procesados. Se insta a evitar empaquetados altos en sal o azúcar, bebidas azucaradas y carbohidratos refinados como el pan blanco. El HHS recomienda en su lugar granos integrales ricos en fibra.