PROBADO POR LA CIENCIA

Más defensas, más colágeno: lo que debemos saber sobre la vitamina C

Cuáles son las últimas noticias sobre los verdaderos efectos de esta famosa vitamina y cuál es la mejor forma de consumirla en otoño y todo el año.

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La vitamina C , que también se llama ácido ascórbico,  es uno de los nutrientes más populares en el universo del bienestar. Se la asocia con “subir las defensas”, prevenir resfríos y mejorar la piel gracias que favorece la producción de colágeno. Incluso, esta vitamina es un componente bastante común en cosmética.

Pero... ¿Cuánto de esto está respaldado por evidencia médica? ¿Tomar altas dosis de vitamina C va a protegernos contra la gripe y las infecciones virales típicas de esta época?

Un nutriente esencial con funciones clave

Desde el punto de vista clínico, la vitamina C es lo que se llama un micronutriente. Es esencial y el cuerpo no puede producirlo por sí mismo. Participa en múltiples procesos fisiológicos, especialmente como antioxidante y como cofactor en reacciones enzimáticas.

Esta vitamina es producida por las plantas para protegerse ellas mismas de las agresiones del entorno, por lo que podemos encontrarla en frutos, hojas e incluso en las papas y batatas ( aunque en menor medida). Esa misma función la realizan en nuestro cuerpo, como un antioxidante. Instituciones como la Organización Mundial de la Salud y los National Institutes of Health destacan su papel en la protección frente al daño oxidativo y en funciones metabólicas críticas.

Entre sus funciones más relevantes se destacan:

  • Protege frente al daño oxidativo celular
  • Participa en la síntesis de colágeno
  • Apoya diversas funciones del sistema inmunológico

Vitamina C y sistema inmunológico: ¿realmente “sube las defensas”?

La idea de que la vitamina C previene enfermedades es una de las más extendidas… y también una de las más malinterpretadas. No es un escudo contra enfermedades, pero sí un factor necesario para que el sistema inmune funcione correctamente.

Qué sí hace:

  • Mejora la función de células inmunes como linfocitos y fagocitos
  • Contribuye a la integridad de barreras físicas como la piel
  • Actúa como antioxidante, modulando la respuesta inflamatoria

 

Qué no hace (o no tanto como se cree):

  • No previene el resfriado común en la población general, según revisiones citadas por organismos como los National Institutes of Health
  • No existen pruebas sólidas de que megadosis mejoren la inmunidad o eviten infecciones
  • Algunos estudios clínicos sugieren que podría reducir ligeramente la duración o severidad de los resfriados, especialmente en personas sometidas a estrés físico intenso. Pero este efecto es modesto y no reemplaza otras medidas de cuidado.

 

El papel clave en la producción de colágeno

Uno de los beneficios mejor documentados de la vitamina C es su rol en la síntesis de colágeno. Según el National Institutes of Health, actúa como cofactor en enzimas que permiten la estabilización y maduración del colágeno. Sin suficiente vitamina C, este proceso se ve afectado, lo que explica enfermedades como el escorbuto. Por lo tanto, más que “estimular el colágeno” con fines estéticos, la vitamina C permite que el organismo produzca colágeno de manera normal y eficiente.

El colágeno es necesario para mantener la salud de la piel, la estructura de huesos cartílagos y vasos sanguíneos. También, para que podamos cicatrizar heridas correctamente.

 

¿Tiene sentido suplementarse?

La evidencia médica coincide en que, en personas con una alimentación equilibrada, la suplementación suele ser innecesaria. Organismos como la Mayo Clinic señalan que el exceso no aporta beneficios adicionales y, en algunos casos, puede generar efectos adversos leves como molestias digestivas.

También es bueno saber que las dosis muy altas de vitamina C pueden aumentar el riesgo de cálculos renales.

La suplementación puede ser útil en:

  • Deficiencias nutricionales
  • Personas mayores
  • Situaciones clínicas específicas bajo supervisión médica

Mejores fuentes naturales de vitamina C

La forma más eficaz y segura de obtener vitamina C es a través de los alimentos. Además, estos aportan otros compuestos beneficiosos como fibra y antioxidantes. Un punto clave: la vitamina C es sensible al calor, por lo que consumir estos alimentos crudos o con cocciones suaves ayuda a conservar mejor su contenido.

Entre las fuentes más ricas destacan:

Acerola: una de las concentraciones más altas conocidas. Es una fruta tropical americana.

Guayaba: supera ampliamente a los cítricos, también tropical. 

Pimiento rojo: especialmente en crudo, es una excelente opción aunque algo indigesta.

Kiwi: excelente opción diaria. Uno por día es la recomendación médica.

Frutilla: rica y fácil de incorporar, debe consumirse fresca.

Naranja y otros cítricos: clásicos y accesibles todo el año, son las fuentes más recomendables.

Perejil: sorprendentemente rico en este nutriente. Se añade fresco y picado a cualquier comida cuando ya finalizó la cocción, para preservar la vitamina C.