Hay enfermedades que duelen, que se ven, que avisan. La hipertensión arterial, en cambio, suele instalarse sin hacer ruido. Por eso se la conoce como la "enfermedad silenciosa": puede no presentar síntomas durante años, o manifestarse con señales que fácilmente se confunden con el cansancio cotidiano —un dolor de cabeza, un mareo, un zumbido de oídos— mientras, en silencio, va aumentando el riesgo de consecuencias mucho más graves.
Los números en Argentina son contundentes. La prevalencia de la hipertensión arterial en personas mayores de 18 años es del 36,3%, lo que significa que prácticamente 4 de cada 10 adultos argentinos son hipertensos. Eso equivale a alrededor de 12 millones de personas. Y el dato más preocupante: 4 de cada 10 hipertensos desconoce su condición, y solo 2 de cada 10 están adecuadamente controlados y tratados.
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, y es responsable de 1 de cada 3 eventos como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca. No es un dato menor en un país donde las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte.
La prevención empieza antes de que la hipertensión ataque. Esto es primordial en jóvenes, tanto hombres como mujeres, porque los hábitos instalados van haciendo huella, tanto a favor como en contra.
La sal que no vemos
En las últimas cinco décadas, la alimentación humana cambió. La comida fresca retrocedió y cada vez más, se empezaron a usar alimentos envasados, con texturas y sabores artificiales, diseñados para generar más deseo de come: gaseosas, snacks, galletitas, golosinas... El resultado es que hoy se consume en un día promedio mucho más sodio y azúcar del que deberíamos. Esto influye directamente en la incidencia de enfermedades como la diabetes y por supuesto, la hipertensión, donde la combinación de herencia y dieta puede ser clave.
Bárbara D'Angelis, Licenciada en Nutrición y profesora universitaria (@nutricioncaba), pone el foco en algo que muchos pasan por alto cuando se trata de sodio: los procesados. "Alimentos como las galletas y la salsa de soja contienen sodio oculto". Y agrega: "Los ultraprocesados se elaboran con materias primas refinadas y aditivos químicos cuyo objetivo es generar apetito y estimular el deseo de comer, además de incluir alto contenido de sal. Su consumo frecuente puede aumentar el riesgo de hipertensión".
Para prevenirla, la especialista recomienda priorizar las comidas caseras y reducir los alimentos procesados. También sugiere reemplazar los condimentos industrializados por opciones naturales con efecto hipotensor, como canela, ajo, cebolla, orégano y perejil.
Más alimentos hipotensores en el menú
La dieta DASH —siglas en inglés de Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión— es uno de los patrones alimentarios con mayor respaldo científico para prevenir y controlar la presión alta. Se basa en frutas, verduras, granos enteros, lácteos, proteínas magras y grasas saludables, con especial énfasis en nutrientes como el potasio, el magnesio y la fibra.
D'Angelis explica por qué cada uno de estos alimentos importa: "Los alimentos ricos en potasio favorecen la relajación de los vasos sanguíneos. Además, la remolacha contiene nitratos que el organismo convierte en óxido nítrico, una sustancia que ayuda a bajar la presión arterial sistólica". Y completa: "Los pistachos contienen potasio y magnesio. Los porotos y las lentejas aportan potasio, y la fibra soluble e insoluble ayuda a reducir los niveles de colesterol y a mantener un peso saludable, un factor clave para evitar la presión alta. Las proteínas vegetales y el yogur contribuyen a disminuir la presión diastólica, mientras que los pescados de mar aportan omega-3, que favorece la circulación sanguínea".
Más allá del plato: movimiento, peso y hábitos
La alimentación es fundamental, pero no actúa sola. La actividad física regular, mantener un peso saludable y evitar el tabaco son pilares igual de importantes en la prevención de la hipertensión.
D'Angelis propone estrategias concretas y accesibles para incorporar el movimiento en la rutina diaria: "Bajarse unas paradas antes del colectivo y caminar, realizar actividades de estiramiento durante 20 minutos por la mañana al levantarse, elegir tomar las escaleras en vez del ascensor". Pequeños gestos que, sumados, hacen una diferencia real.
El chequeo que puede cambiar todo
Dado que la hipertensión puede no dar señales claras, el control médico periódico es imprescindible. No hay que esperar a sentirse mal para tomarse la presión. Una detección temprana permite actuar antes de que la enfermedad avance y genere complicaciones.
Como subraya D'Angelis, cada organismo es distinto, y por eso la consulta personalizada con un profesional de la salud es el complemento necesario de cualquier cambio de hábitos. Porque prevenir la hipertensión no es solo una decisión individual: es una combinación de información, acompañamiento y pequeñas elecciones cotidianas que, con el tiempo, pueden marcar una gran diferencia.