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"No quiero terminar quemado como mis viejos": la nueva forma en que los jóvenes entienden el trabajo

La llamada " generación de cristal" no quiere trabajar menos sino alinear el esfuerzo con el propósito que tienen para su vida, en una realidad donde lo único permanente es el cambio. La mirada de una experta en psicología y orientación vocacional que profundiza sobre este fenómeno global.

Escrito en SALUD el

Durante años se repitió la misma escena: adultos mirando a los más jóvenes y lanzando el mismo diagnóstico. "No aguantan nada". "Son una generación frágil". "No quieren trabajar, quieren que todo sea fácil". Del otro lado, en silencio, muchos jóvenes pensaban algo bien distinto: "No quiero terminar quemado como mis viejos". "Si voy a dedicarle tantas horas de mi vida, necesito que tenga algún sentido".

Ese cruce de miradas define uno de los debates más vivos del mundo laboral actual. Y los datos lo respaldan: la Generación Z —nacidos entre 1996 y 2012— será un tercio de la población activa global en 2030. Ya están transformando las reglas del juego, adaptándose a un entorno también cambia todo el tiempo.

Un cambio de paradigma, no de actitud

El 86% de los jóvenes menores de 30 años busca empleos alineados con sus valores. Tres cuartas partes considera el compromiso comunitario y el impacto social de una organización como factor clave al elegir empleo. Y sin embargo, el estereotipo del joven caprichoso e inconstante persiste. 

La Lic. Romina Halbwirth, psicóloga (MN 26252) y orientadora vocacional con enfoque sistémico-integrativo, tiene una lectura diferente. "Desde la psicología sistémica y la orientación vocacional, lo que se observa no es flojera, sino un cambio profundo de paradigma: el trabajo deja de ser solo un lugar al que se va a cobrar un sueldo para convertirse en uno de los espacios donde se juegan la identidad, los valores y el proyecto vital", señala.

Del "trabajo para toda la vida" al "portafolio de experiencias"

Las generaciones anteriores tenían un norte claro: entrar a una empresa sólida y quedarse el mayor tiempo posible. La estabilidad era el valor máximo. Cambiar mucho era sospechoso.

Halbwirth describe con precisión el paisaje que los jóvenes de hoy heredaron: "Crecieron viendo empresas que cambian de nombre, de dueños o directamente cierran; contratos temporarios, monotributos eternos, trabajos freelance; carreras que quedan obsoletas en pocos años; adultos cercanos agotados, con burnout, frustrados con el laburo de toda la vida".

En ese contexto, no sorprende que el ideal haya mutado. En lugar de "un trabajo para siempre", aparece lo que la especialista llama un "portafolio de experiencias": proyectos, roles y formaciones distintas a lo largo del tiempo. "No es una inconstancia caprichosa", aclara. "Es una forma de adaptarse a un mundo donde lo único estable parece ser el cambio".

Los números lo confirman: según un estudio de Randstad realizado en 15 mercados globales —incluida Argentina—, 1 de cada 3 jóvenes de la Generación Z en Argentina planea cambiar de empleo en los próximos 12 meses, frente al 21% de los Millennials y el 16% de la Generación X. Solo el 11% piensa permanecer indefinidamente en su puesto actual.

Cuando el propósito deja de ser un slogan

En el centro de su trabajo, Halbwirth desarrolló un concepto propio: el Llamadón. "Llama es el fueguito interno que impulsa, el entusiasmo genuino por ciertas maneras de estar y hacer en el mundo. Don son las habilidades que emergen casi sin esfuerzo. El Llamadón es la conjunción de ambas, traducida en algo concreto que tenga sentido para la persona y para el proyecto de vida que quiere construir".

La especialista es clara sobre lo que los jóvenes están pidiendo cuando hablan de propósito: "No están pidiendo un trabajo perfecto ni sin esfuerzo. Están pidiendo lugares donde su Llamadón tenga espacio real, no solo un slogan en la página de Recursos Humanos".

La encuesta global de Deloitte 2024 respalda esto: el 86% de la Generación Z dice que tener un sentido de propósito es importante para su satisfacción y bienestar laboral. El propósito no es un lujo generacional, sino una necesidad en una realidad a veces hostil.

Flexibilidad: no es vagancia, es diseño de vida

Pocos temas generan más cortocircuito entre generaciones que la palabra "flexibilidad". Para muchos adultos suena a querer trabajar menos. Halbwirth propone leerla de otra manera.

"Para muchos jóvenes significa poder combinar trabajo con estudio, tener tiempo para proyectos personales, cuidar la salud mental, viajar, hacer voluntariado, explorar áreas nuevas, evitar jornadas eternas que no dejan lugar para nada más. No están buscando laburar poco. Están buscando no hipotecar el resto de su vida en nombre del trabajo".

La pregunta de fondo, dice la especialista, cambió de forma: antes era "¿cómo encajo yo en este trabajo?". Hoy es "¿cómo encaja este trabajo en la vida que quiero construir?".

Los datos acompañan esa transformación: para el 51% de la Generación Z, la flexibilidad horaria es algo muy a tener en cuenta a la hora de aceptar un trabajo o incluso dimitir, y el 46% prefiere el trabajo remoto. 

Salud mental: "no quiero un sueldo que me enferme"

El 52% de los jóvenes Z sufre grandes niveles de estrés laboral a diario, frente al 33% de los Baby Boomers. No es un dato menor: es el telón de fondo de una generación que vio de cerca el burnout ajeno y decidió no repetirlo. El 29% de la Generación Z menciona la salud mental como su principal prioridad laboral, un dato que habría sido impensable en cualquier encuesta de trabajo de hace veinte años. 

"Muchos jóvenes crecieron escuchando historias de acoso laboral, jefes maltratadores, empresas que normalizan el estrés crónico. La respuesta no es delicadeza. Es defensa propia", sostiene Halbwirth. Para ellos, hoy pesa tanto o más que el sueldo: cómo se habla en las reuniones, si se respetan los horarios, si hay margen para decir "no llego" sin miedo a ser penalizado.

La ecuación cambió, resume la psicóloga: "Un buen sueldo a costa de la salud mental empieza a ser, para muchos jóvenes, un mal negocio".

No es falta de ganas, es otra idea de éxito

Halbwirth es enfática al desactivar el estereotipo: "La mayoría sí hace esfuerzo: estudia, se forma, trabaja, emprende, prueba. Pero lo hace con otra brújula. Valoran el tiempo libre, priorizan los vínculos, se preocupan por el impacto ambiental y social, quieren coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. No quieren ser héroes del sacrificio vacío".

Lo que buscan, dice, es llegar a los 40 o 50 con algo más que un currículum: con una vida que sientan propia. Y ahí aparece nuevamente el Llamadón, "no como una fantasía romántica, sino como criterio de realidad: si voy a poner mi energía acá, que sea en algo que tenga algún sentido para mí y que no me rompa por dentro".

Una generación que no naturaliza lo que duele

Desde la psicología sistémica, Halbwirth propone mirar a los jóvenes en contexto, no de forma aislada. "Un chico o una chica no pide flexibilidad en el vacío. Lo hace dentro de una familia que trae su propia historia de esfuerzo, crisis, mandatos y miedos; una escuela que tal vez todavía educa para el trabajo de oficina de 9 a 18; empresas que en muchos casos siguen pensadas con lógica del siglo XX".

Y cierra con una lectura que invita a revisar la mirada adulta: "No es la generación de cristal en el sentido despectivo. Es una generación que, a veces, se anima a no naturalizar lo que duele. Cuando un joven dice 'no quiero esto', muchas veces pone en palabras algo que otros adultos sienten y no se animan a decir".

Tal vez escucharlos no sea solo "entender a las nuevas generaciones". Quizás sea una oportunidad para revisar, entre todos, qué entendemos por trabajo digno y por vida vivible en pleno siglo XXI.