HALLAZGO REVOLUCIONARIO

¿El fin de la artrosis? Por primera vez la ciencia logra regenerar los cartílagos y recuperar la movilidad

El Dr. Norberto Furman, especialista argentino, explica el descubrimiento que podría cambiar para siempre la historia de millones de pacientes.

Escrito en SALUD el

"Esta es la mejor noticia que he dado en muchísimos años,  el fin de la artrosis. A ver si nos entendemos.  Fin de la artrosis, artrosis de cadera, de rodilla, de columna", dice el Dr. Norberto Furman. "La artrosis no sería irreversible… y la ciencia lo está demostrando. Al inhibir una proteína, el cuerpo vuelve a activar su capacidad natural de regeneración. Esto cambia todo: ya no hablamos solo de calmar el dolor, hablamos de reparar el problema desde la raíz".

Un avance real 

Desde el inicio de la medicina, el deterioro del cartílago articular se consideró irreversible. La artrosis avanzaba, el tejido se desgastaba y lo único que la medicina podía ofrecer era alivio del dolor, fisioterapia o, en los casos más graves, una prótesis. Pero algo está cambiando en los laboratorios de investigación más importantes del mundo, y los hallazgos empiezan a reescribir lo que se creía imposible.

El Dr. Norberto Furman, quien en Buenos Aires trata a menudo pacientes con esta patología que es no solo dolorosa sino también invalidante, destacó recientemente que estas investigaciones son mucho más que una vaga esperanza. 

La artrosis es la forma más frecuente de daño articular y afecta a millones de personas en todo el mundo, crónica y degenerativa, que desgasta el cartílago de las articulaciones, causando dolor, hinchazón y rigidez, y limitando severamente la movilidad de quienes la padecen. 

El cartílago, ese tejido que amortigua el roce entre los huesos, tiene una capacidad de regeneración naturalmente muy limitada. O al menos eso se pensaba, como destaca el experto argentino. "La artrosis es el desgaste del cartílago y se ha descubierto en un estudio que se hizo en la Universidad de Stanford, que hay una proteína que se llama 15-PGDH  que es la que inflama y favorece el desgaste de los cartílagos.  A esta proteína la contrarrestaron con unas moléculas que son prostaglandinas que hacen que se anule,  deje de boicotear esta proteína al cartílago. Al dejar que esto no se inflame tanto,  permite que se regenere el cartílago, que crezca el cartílago."

Ya se ha experimentado en ratones con muy buen éxito y en el tejido de cartílago humano, en laboratorio. "Cuando sacaban el cartílago desgastado y lo reemplazaban por una prótesis,  ese cartílago lo ponían en un laboratorio   y hacían que actúe estas moléculas de prostaglandinas   y contrarrestaba, hacía que esta proteína no actúe,  no le permitía que se inflame, que boicotee a ese cartílago  y este cartílago empezaba a regenerarse y a crecer."  explica Furman. "Esto fue publicado en la revista Science,  una de las revistas más prestigiosas de la comunidad médica "

"Falta poco para que se terminen los estudios- destaca el especialista-   que ya están muy avanzados  y cuando ya salga, saldrá a toda la comunidad médica para que tu traumatólogo pueda aplicártelo".   

El hallazgo de Stanford que cambió la conversación

El Dr. Furman hace referencia al avance más resonante de los últimos tiempos, que llegó desde la Universidad de Stanford. Los investigadores lograron revertir el daño del cartílago y obtener una notable recuperación de la movilidad articular en animales. La codirectora del estudio, Nidhi Bhutani, calificó el efecto como "extraordinario".

Pero quizás lo más llamativo no fue el resultado, sino el mecanismo detrás. Lo que descubrieron representa una nueva comprensión sobre la regeneración tisular: la posibilidad de reparar el cartílago articular sin recurrir a células progenitoras, un método no demostrado antes en este tejido.

La investigadora Helen Blau lo resumió así: "Es una manera nueva de regenerar tejido adulto y tiene un potencial clínico significativo para tratar la artrosis debida a la edad o a lesiones". 

La clave está en una enzima llamada 15-PGDH, asociada al envejecimiento, que bloquea la capacidad natural del cuerpo de reparar sus tejidos. Al inhibirla, esa capacidad se reactiva. Los análisis del tejido regenerado confirmaron que se trataba de cartílago hialino, el tipo adecuado para las articulaciones, y no de otros tejidos como el fibrocartílago, lo que demuestra la calidad de la reparación. 

Otras investigaciones que apuntan en la misma dirección

Stanford no está sola en esta búsqueda. Investigadores de la Universidad de Northwestern desarrollaron un nuevo biomaterial bioactivo que en experimentos con animales demostró regenerar cartílago de alta calidad en las rodillas, ofreciendo una alternativa potencialmente más efectiva a los tratamientos actuales. 

Desde la Universidad de Chile, en tanto, se trabaja en el proyecto "Glycostem-sEVs", un biofármaco acelular que busca validar una terapia para la artrosis basada en vesículas extracelulares mejoradas, con el objetivo de avanzar en la instauración de terapias de medicina regenerativa. 

Un cambio de paradigma, no solo de tratamiento

Lo que une todos estos avances es algo más profundo que una técnica nueva: es una forma distinta de entender la enfermedad. Durante años, el foco estuvo puesto en manejar los síntomas. Lo que la ciencia empieza a demostrar es que el cuerpo, bajo las condiciones adecuadas, tiene más capacidad de repararse de lo que se creía.

Como señala el Dr. Furman: "Todavía está en investigación, pero el mensaje es claro: tu cuerpo sí tiene potencial de regenerarse… si le das el entorno correcto".

Es una advertencia honesta y, al mismo tiempo, una señal de esperanza. Los estudios más prometedores aún están en fase experimental y el camino hasta los tratamientos disponibles para todos los pacientes lleva tiempo. Pero la dirección está trazada: la artrosis, esa condición que millones de personas aprendieron a convivir resignadamente, podría dejar de ser irreversible.