Hablar de la historia de la televisión argentina es, inevitablemente, mencionar a Alejandro Romay, una figura clave cuya huella atraviesa generaciones. Quienes compartieron trabajo con él —desde estrellas como Susana Giménez y Natalia Oreiro hasta empleados anónimos del recordado Canal 9— coinciden en describirlo como un hombre generoso, intenso, con un instinto único para descubrir talentos y un profundo respeto por cada persona que formaba parte de sus equipos. No lo movilizaba la lógica empresarial ni la ambición de un CEO: Romay fue, ante todo, un apasionado del espectáculo. Nacido en Tucumán el 20 de enero de 1927 hoy cumpliría 99 años y lo recordamos en tres anécdotas que hoy son leyenda.
"Si no puedes contra tu enemigo, sacale una pata"
En la década del 60 la rivalidad entre Canal 9 y el 13, o entre sus dos popes, Romay y Goar Mestre, era legendaria. Como reconoció el mismo Zar en una entrevista con Jorge Guinzburg: “El 13 me copiaba a mí y yo los copiaba a ellos, nos robábamos las figuras”. Esta circunstancia generó algunas situaciones desopilantes.
“Rodolfo Bebán estaba contratado para hacer Cuatro hombres para Eva -le contó su hijo Omar Romay a esta cronista-. Su padre, Miguel Bebán, era un actor de prestigio del teatro San Martín, por eso su hijo, vaya a saber por qué identificación, soñaba con interpretar las obras de Shakespeare”. Para convencerlo de cambiar de canal, Goar le ofreció interpretar Otelo. Bebán encaró a Romay y le anunció: “Me voy para hacer un teatro superior”. Goar además se llevó a Evangelina Salazar que protagonizaba otro éxito del 9, Jacinta Pichimahuida, y le ofreció coprotagonizarla.
“Mi papá vio las promos y enloqueció. Solía decir: ‘Si no puedes contra tu enemigo, sacale una pata’. Decidió grabar Otelito con Alberto Olmedo de protagonista, Rolo Puente como Yago y Porcel como Desdémona. Imaginate al Gordo vestido de mujer. El 13 llevaba meses ensayando y grabando, y esto se armó en unos días”. Cuando salieron las promos llovieron las críticas. “Acusaban a mi viejo de destruir la cultura, los valores”, recuerda.
Hasta hubo llamados de la Presidencia de la Nación para suspender Otelito y pasarlo a otro horario. Romay no cedió. Los dos programas salieron el mismo día y a la misma hora. “Empezamos perdiendo. Ellos 40 puntos de rating contra 5 puntos nuestros. Terrible, no solo nos había destrozado la crítica sino que el público nos abandonaba. Pero a la media hora ya empatábamos y en la segunda hora le ganamos 40 contra cinco puntos. Nunca más nadie se atrevió a competir con Alta comedia”.
y Silvio Soldán, entre otros, en un
homenaje a Narciso Ibáñez Menta.
Éramos tan felices y no nos dábamos cuenta
Exigente hasta el extremo con el trabajo, Alejandro Romay tenía, sin embargo, una cualidad poco frecuente: jamás trataba a sus empleados como seres humano y no como recursos humanos Conocía los nombres de todos y no solo de las celebridades, sabía por qué momentos atravesaban y no dudaba en involucrarse si alguien necesitaba ayuda, desde conseguir un medicamento difícil hasta acompañar a un hijo que andaba de visitan en el canal a comprar golosinas en el kiosco.
Con los productos que recibía como canje organizaba grandes fiestas de fin de año, donde cada trabajador se llevaba un regalo, un gesto que hablaba de su forma de conducir.
Su generosidad quedó grabada en múltiples recuerdos. Cuando nació Lorena, la hija de Nora Cárpena y Guillermo Bredeston como ambos trabajaban en Canal 9, Romay los sorprendió con un regalo inolvidable: Les obsequió dos pasajes alrededor del mundo. Fueron a Japón, Hawái, Los Ángeles. Tampoco escatimaba en sus programas. Para el final de la novela Con pecado concebidas pagó todo para grabar el último capítulo en el Vaticano.
Romay estaba en cada detalle: negociaba contratos, revisaba guiones, seguía de cerca a la competencia y, si hacía falta, barría un estudio. No huía de los conflictos y ejercía su autoridad con decisiones firmes. Al asumir por primera vez en Canal 9, entendió que producir ficción era insostenible y creó un sistema para reducir costos: jornadas de seis horas y veinticinco minutos y la llamada “regla de tres”, con tres días de trabajo —ensayo, puesta y grabación— y solo tres escenografías contiguas. La reacción fue inmediata: los técnicos tomaron el canal. Romay pidió la intervención de la Infantería, luego la conciliación obligatoria, pero el conflicto siguió trabado en el Ministerio de Trabajo. Entonces recurrió a una jugada inesperada: sabiendo que el presidente Arturo Illia alimentaba palomas a diario en Plaza de Mayo, fue a esperarlo en un banco. Se presentó, explicó la situación y logró lo que parecía imposible: una solución inmediata.
cuatro hijos, Mirta, Omar y
Diego, y al amor de su vida:
Lita, con quien se casó el 9 de
enero de 1953, después de dos
años de noviazgo.
"No quiero verlo nunca más… hasta que lo necesite”
Así como podía ser cercano y afectuoso, Alejandro Romay también tenía un carácter explosivo. Sus enojos eran célebres y sus gritos, cuentan, se oían en todo el canal. Omar recuerda que más de una vez fue a verlo alarmado y su padre lo calmaba con ironía: “No quiero verlo nunca más… hasta que lo necesite”. Vivía esos “odios temporales” que, con el tiempo, solían disiparse.
Con Susana Giménez protagonizó uno de sus mayores conflictos cuando la diva dejó Canal 9 para pasar a Telefe. Romay dio su versión en una entrevista: “Los dueños de Telefe querían que fuera al canal y comenzaron una campaña muy dura. Se hizo una tapa doble con ‘Xuxa todo bien, Susana todo mal’. Estaba todo el periodismo hablando mal de ella. Yo siempre le mandaba el contrato con una rosa; el último año ella me mandó un mensaje: ‘Por favor, déjame salir de este tormento’. Para firmar en Telefe le aconsejé que exigiera no menos de 25 tapas anuales, avisos, y ella tomaba nota de todo y lo pedía”.
Otro enfrentamiento resonante fue con Bernardo Neustadt, a quien despidió luego de que, al aire, apoyara un golpe contra el presidente Arturo Illia; acusado de censura, Romay respondió públicamente, lo tildó de camaleón y el conflicto terminó en un juicio por calumnias.
muchas novelas del
9, en un lanzamiento de
programación del canal
con Betina O’Connell,
Juan Leyrado y Berugo
Carámbula.
Un hacedor
Como empresario teatral, Romay llegó a dirigir nueve teatros por los que desfilaron más de 100 obras, entre ellas, Hair, Escándalos, Cabaret, Equus. Alguna de las figuras que “descubrió”: Raúl Taibo, Guillermo Andino, Pablo Echarri, Germán Kraus, Horacio Ranieri, Cristina Pérez, Carolina Papaleo, Sofía Gala y Natalia Oreiro. En 1963 asumió la dirección general de Canal 9 que mantuvo hasta su expropiación en 1974. En su pantalla llegó a tener 84,5% de producción nacional. Recuperó el canal en 1984 y se retiró en 1997
Aquí con Jorge Maciel, Alfredo de
Angelis y Fanny Ruth, entre otros.
Alberto Ure escribió que “Romay es nostalgia reivindicada con alegría”, pero su hijo asegura que es “nostalgia reivindicada con esperanza”. “Todo lo que hacía mi papá era para lograr que ese tipo que llegaba cansado, roto después de un día frustrante tuviera un momento de satisfacción. No era el pum para arriba sino la certeza que los buenos al final siempre tienen una oportunidad, que la vida les da revancha”. El 25 de junio de 2015 Romay se despidió y con él una época de gloria para la televisión. Qué tiempos aquellos, sin ser nostálgicos del pasado, qué ganas que vuelvan más Romay y menos especialistas en algoritmos.