ENTREVISTA A FONDO

Tomás Dente y este momento ácido del periodismo de espectáculos: "Difícilmente me encuentres peleando o diciendo algo que pueda mortificar a otro"

Este fin de semana debuta con La tarde del 9 conduciendo junto a Pía Slapka, donde disfruta de presentar contenidos más amables y estar alejado del mundo cada vez más hostil de los chimentos. Aunque asegura que mientras estuvo siempre buscó ser cuidadoso y no meterse en el barro

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En tiempos donde muchos de sus colegas del mundo del espectáculo están enfrascados en fuertes cruces mediáticos, Tomás Dente disfruta de estar recorriendo un camino distinto. Más cordial, menos hostil, más humano. Nuevamente en el rol de conductor, desde este fin de semana estará al frente de La tarde del nueve, sábados y domingos de 14 a 18. Y por más que la apuesta sea por contenidos más amenos, no deja de ser una experiencia intensa la de hacer cuatro horas de televisión en vivo. “No sé si nervioso, estoy expectante, disfrutándolo y sin tanta presión. Eso tiene un efecto expansivo, cuando los que lo hacemos lo disfrutamos, eso traspasa la pantalla”, describe las sensaciones que lo invaden en las horas previas al debut. "Tenemos una gran producción que está laburando, Gustavo Hoyle, el Tano Albamonte, Ceci Riano, todos productores de primera categoría. Sabemos que hay mucho tiempo de aire, hay que meterle mucho formato, ver qué secciones armamos y cuántos invitados por día. Todo eso se va construyendo en el discurrir de la semana, según lo que lo que vaya cambiando el número y lo que demanda el público”, explica sobre esta suerte de programa omnibus de Canal 9 que tendrá entrevistas, historias de vida, actualidad, musicales, entretenimientos, cocina -a cargo de Dana Pérez- y hasta un concurso para parejas que quieran ganarse una segunda luna de miel.

Tomi y Pía, los conductores de La tarde del nueve

-Te va a acompañar Pía Slapka en la conducción. ¿Cuál es la clave para conducir un programa de a dos, generar una buena química, que no haya uno que quiera prevalecer sobre el otro?  

-El tema de que sea una dupla para mí es un aliciente. Decíamos con Pía que en momentos de cansancio, físico o mental, porque hay que estar cuatro horas con un ritmo galopante como el que vamos a estar, nos vamos a apoyar el uno en el otro. La identidad del programa se va encontrando a medida que pasa el tiempo y ahí también entramos nosotros como conductores. Yo conociéndola a Pía sé que es una mina como yo, cero competitiva; una laburante, una obrera de esta profesión. Y hablamos un poco el mismo lenguaje, nos miramos y nos entendemos y nos divertimos. Yo amo laburar en pareja y cuando laburás así, si el otro se luce, te lucís vos. Voy a hacer todo mi esfuerzo para que Pía se luzca. Es como un rompecabezas donde las piezas de a poquito van encajando. Además en cuatro horas hay mucho tiempo para los dos, para desarrollar los temas… Pía pregunta muy bien, yo la vi en Planeta urbano. Es carismática, tiene mucha frescura, es bellísima y se preparó mucho. El otro día le dije a Franco Torchia en una entrevista que de las jóvenes conductoras es la que más futuro tiene.

-¿Siempre tuviste buenas experiencias en ese sentido con tus compañeros de trabajo?

-En la vida la competencia es bilateral. Cuando te toca laburar con algún compañero competitivo, si vos te bajás y inmediatamente desactiva esa tensión.

-Pero al bajarte tal vez cedés espacios, perdés protagonismo...

--Pero para mi este laburo no tiene que ver con una cuestión cuantitativa, cuánto te metés, cuánto hables, cuánto te muestres. Para mi es una cuestión más cualitativa. Siempre pongo el mismo ejemplo, en Nosotros a la mañana yo no tenía mucha participación pero cuando yo hablaba, y ponían los audios de whatsapp y contaba, llamaba y preguntaba, era mi momentito en la mañana y yo me lucía. No soy de los que creen que todo lo pueden abarcar. La gente no espera de mi que yo esté hablando todo el tiempo, que opine sobre todo. Inclusive ahora en Editando tele, muchas veces yo soy el que menos habla. A mi me divierte mucho escuchar a los demás, ser espectador desde el piso. 

-¿Y el rating? ¿Cuánto te pesa, cuánto condiciona el rumbo que va a ir teniendo el programa? 

-El goce y la alegría van a ser como los principales sentimientos, nada de estar corriendo detrás de la audiencia y a ganarle a la competencia y hacer un buen número, esas cosas llegan por añadidura. Yo siempre digo que cuando vos hacés un buen programa, el número viene solo. 

-¿Hay un público para el sábado y otro para el domingo, y como consecuencia de esto, habrá un tipo de programa para el sábado y otro para el domingo?.

-Para mí, si. El sábado es un público más ecléctico, más heterogéneo, más familiar, de gente más joven. Y el domingo es un público más añoso. Inclusive los niveles de audiencia bajan un poco, es el día de descanso, la gente sale. Ahora cuando empiece el frío la gente se va a quedar más en casa, pero el nivel de encendido históricamente los domingos ha sido mucho más bajo que el de los sábados. Pero ahí está un poco el desafío, que la gente se enganche con el programa y mantener la audiencia fiel. Y también el público de los fines de semana dista del de la semana. Me refiero a bajo qué premisa se sienta frente a la tele. Los fines de semana sale una cosa más de sentarte a mirar televisión, durante la semana la dejás prendida y mientras vas haciendo las cosas, la mirás de refilón. Es más una compañía durante la semana. Frente a esta predisposición del público del fin de semana de sentarse a mirar e incluso de hacer sobremesa mirando la tele, hay que cautivar mucho desde lo visual.   

-Cómo analizás esta tele donde vos planteás la importancia de volver a contenidos más amigables y por el otro lado ves un mundo, que conocés muy bien como el periodismo de espectáculos, que parece más encarnizado que nunca, incluso con conductores y panelistas acusándose de todo en los medios?  No hablemos de guerra para no banalizar un término que hoy no es una metáfora sino una cruda realidad. 

-Y, está más efervescente la tele... La sociedad está más efervescente. En este contexto pospandemia y de guerra, la idea de transmitirle a la gente contenidos más amigables y mas saludables para mi es súper encomiable. En ese sentido cuando a mí me llegó la propuesta por parte de la gente de Mandarina y me dijeron que era con Pía, a quien conozco y quiero un montón, que el programa iba a ir hacia otro lado y que la idea era como un poquito una lavada de cara para mí y un cambio de perfil, ni lo dudé. Mirá que tenía cosas para hacer este año, afortunadamente. De todos modos, no toda la tele queda ceñida a los contenidos que mencionás. Yo sé que son programas líderes, que alimentan a los sitios de Internet y que generan esta cosa del boca en boca, y que la gente va al supermercado y te cuenta lo que pasó en Bendita y en lo de Angel y en lo Pallares, pero no toda la televisión está supeditada a esos contenidos. Yo creo que tenemos una tele muy amplia, una paleta con muchas gamas de colores. Hay un montón de programas que son sanos en los canales de de aire, en los de noticias, en la TV pública, en Canal 9, programas de entretenimientos. No todo es la pelea o el puterío entre los periodistas de espectáculos. Eso es una partecita muy chica, que tiene más que ver con nosotros porque no sé si el resto de la gente está tan pendiente de lo que pasa. 

 -Pero da la sensacíón de que se corrió un poco más el límite. En estos días vimos algunos cruces entre periodistas del medio, por ejemplo de Jorge Rial contra Adrián Pallares, o peleas entre panelistas que se convirtieron en lo central de los programas.     

  -Me parece con esto de la cuarta revolución industrial y las redes todo se viraliza, todo se propaga en el inmediatez, y eso propicia que estas cosas sucedan. Antes las cuestiones se dirimían en televisión y al no existir las redes todo quedaba ahí, circunscripto a lo que pasaba en el aire. Hoy por hoy el efecto esquirla, el efecto rebote, es muy fuerte en las redes. El que no vio el programa o no se enteró, después termina escuchando algo. Inclusive muchos conductores utilizan las redes como para hacer sus descargos y uno tampoco puede escapar de eso. Pero ojo que nosotros somos periodistas y somos bichos de tele pero el común de la gente no está tan pendiente de eso. Uno a veces cree que está todo el país en vilo de lo que Rial puede decir de Pallares y la réplica de Pallares, y por ahí la gente ni se entera. No todo el mundo tiene twitter, de hecho es una red que se dejó de usar, salvo los que laburamos de esto. Si vos hablás con tus amigos o con tus familiares hay un montón de cosas que no saben y ni les interesa. Y me parece que un periodista tiene que ver más allá, no quedarse en lo micro sino ver lo macro, que es lo que pasa alrededor.  

-Pero se puede pensar que si apuntan a ese tipo de polémicas es porque funcionan, al menos para ese tipo de programas.

-Ojo que también los números del rating cambiaron, habría que ver en términos de funcionalidad. La tele de hoy no es comparable con la de hace 10, 15 o  20 años. Hoy un programa de tres puntos es exitoso. Hay que evaluar también por qué tanta gente migró a otras plataformas, y ahí entra lo que decía, no sé si a la gente le interesa tanto. Si un programa antes medía 15 puntos y ahora 3, hay 12, 13 puntos de rating que simbolizan un flujo de gente que se fue porque no le interesa. A la gente le dejó de interesar el puterío de la televisión, es un ghetto muy chiquito el que está detrás de eso que vos vas contando. Por eso la idea nuestra es volver un poco a convencer a esa gente para que prenda la tele y vea un contenido más acorde a lo que veía hace 10 o 15 años.

-¿Te sentís aliviado de estar afuera de estos programas de chimentos, hoy tan hostiles en muchos momentos?

 -Le puse tanto respeto a mi laburo e intenté ser tan cuidadoso que siento como que nunca estuve del todo adentro. Difícilmente me encuentres a mí en estos últimos años peleando con alguien, o haciendo algún comentario ponzoñoso que pueda mortificar a otro. Creo que lo interesante es poder estar adentro, entrar y salir en forma constante, y no quedarte adentro encerrado en esta cosa miserable que proponen algunos comunicadores o contenidos. Siempre traté de mantener mucho el tema de la objetividad y de la neutralidad, escuchando a los protagonistas, jamás haciendo un juicio de valor sobre alguien. Eso no es ni bueno, ni malo, son estilos, no le estoy poniendo carga valorativa, estoy siendo descriptivo. Siento que hay muchos periodistas que laburan como yo, que son cuidadosos, que no emiten opinión, que entienden que su función es la de vector de comunicación entre el hecho periodístico en sí y la gente. En ese aspecto es como que yo nunca me sentí muy adentro. Si te puedo decir es que yo siento que hay una etapa para todo y que en este momento de mi vida necesito hacer otra cosa. Ya cuando empecé con mi proyecto de entrevistas, y este año haciendo Editando tele, que es un programa más humorístico y de archivos, sentí que estaba más afuera que adentro y me sentí mucho más cómodo. Estamos en una tele muy farandulizada aunque uno escoge también si se mete o no en el barro.

-Esa comodidad también la sentís porque hoy en esos programas pueden exponerte a quedar del otro lado y que aspectos de tu vida privada se vuelvan tema de debate y sean llevados a a ese barro del que hablás.  

-Igual amén de que uno quiera o no contar temas de su vida privada, el público sabe todo. Estamos en la gran vidriera, la gente se entera. Después uno decide si lo explicita o no. La gente sabe quiénes somos, con quien nos llevamos bien, con quien mal, qué postura tenemos ante una situación. No hay que subestimar a la gente, porque el público te ve y te desnuda. Por eso me pone muy feliz cuando alguien me compra. Porque logró ver en mí lo que yo quería darles. Estamos expuestos y es parte nuestro oficio, con las contras de este medio también. Por supuesto uno en la vida busca la aceptación del otro, somos seres muy sensibles y débiles. Estamos continuamente buscando la aprobación del otro, de mamá, papá, los amigos, la novia, el novio, los hermanos. El tipo que labura en televisión tiende en general a tener un déficit de seguridad grande, y busca en el trabajo esa aprobación colectiva y subsanar eso.  

-¿Y en tu caso cuales son las aprobaciones que vos valorás? El sábado cuando termines el programa qué mensaje diciéndote “todo salió muy bien”, a vos te va a apuntalar? 

 -Supongo que mis hermanos, mis tías que ocupan un poco el lugar que dejaron vacío papá y mamá. No obstante, y amén de un montón de defectos, por suerte no soy un pibe inseguro. Nunca busqué la aprobación de nadie más que la mía y la de Dios. Si alguien me hace una crítica lo tomo bien y por suerte laburando, porque en lo personal soy un cúmulo de inseguridades, tengo bien claro lo que quiero hacer y lo que no. Y eso para mí genial y para el otro también. Todos me dicen eso “Tomi, es re lindo laburar con vos, re ameno”., Y me encanta que el otro te haga esa devolución, porque cuando vos sos tranqui con el otro, el otro es tranqui con vos. Las relaciones humanas son simbióticas. Yo no soy un pibe inseguro y en la tele gran parte de las cosas que veo se cimentan en la inseguridad del otro. Son los que necesitan reducir al otro para sentirse más.  

-¿Y esa inseguridad personal que te adjudicabas, en contraste con la seguridad que tenés en lo profesional, cómo se manifiesta?

-Son las inseguridades humanas, las que tenemos todos. A nivel emocional, la inseguridades de los vínculos. Saber si dentro de un mes vas a estar vivo. O en este contexto de guerra darte cuenta lo vulnerable que somos. Son inseguridades existenciales, más internas, por ahí no le podés poner palabras pero sabés que están ahí. Pero cuando voy a laburar me formateo y todas esas inseguridades quedan rezagadas.  

-El hecho de vivir solo, de tener y hasta de buscar muchos momentos de soledad, te lleva a pensar mucho en estas cosas y que esas inseguridades afloren a menudo? 

-Es que no vienen y van, no fluctúan. Siempre están, son consustanciales a mi naturaleza humana. Y a mi me encanta tenerlas porque gracias a esas inseguridades uno se va superando, uno se conoce más. Además no soy un adolescente, soy un pibe grande. Estoy parado y sé que quiero en mi vida. Sé que convivo con el miedo a la muerte, con que me pase algo, con el miedo a enfermarme, a perder un ser querido de nuevo, con el miedo a perder mi fe. Son inseguridades internas y muy profundas, pero después yo tengo una vida hermosa. Vivo solo pero tengo un montón de amigos, y salgo, salgo solo a veces y me gusta leer y trabajo y hago ejercicio. Tengo una vida linda y no suelo bajonearme. Siempre digo que no necesito mucho. Vos venís a mi casa y es súper modesta.   

-Y esa casa modesta es un espacio que no te gusta mucho que lo invadan. ¿Alguna vez conviviste con alguien?

 -No. No convivo e inclusive pasa que cuando vienen mis amigos o mis sobrinos, digo está bien que estén un ratito mis amigos, pero ya después te vas y me dejás solo. Me encanta recibir a mis sobrinos, se quedan a dormir, les cocino pero después necesito nuevamente conectarme conmigo y mis espacios. No padezco mi soledad porque aparte no me siento solo. Cuando uno está en eje y está bien con uno mismo, lo demás es circunstancial. 

-Tenías una relación muy profunda con tu mamá, que alguna vez contaste que murió en tus brazos, que la extrañas mucho. Nunca te surgió el deseo de la paternidad y vivir esa relación tan profunda desde el otro rol? 

-El amor toma diferente formas, creo que puedo llegar a sentir por otra persona lo que mamá sintió por mi sin necesidad de ser padre. El amor es muy camaleónico, es muy moldeable. Y son experiencias intransferibles y muy personales, digo, equiparar el amor que mi mamá tenía  conmigo, primero que yo no estaba dentro del corazón de mamá, así que no sé... Mi capacidad de amar es diferente, como lo es la tuya y como es la de otra persona. Cada uno tiene diferentes capacidades de amar, entonces intentar como igualar no hay manera. Cada uno ama de diferente modo, uno puede contactarse con la parte más noble y más magnánima del amor sin la necesidad de ser papá. Podés sentir un amor muy grande por amigos, amigas, hijos, sobrinos, hacia un prójimo. Yo creo que el que es amoroso, el que tiene la capacidad de amar, que es lo que más nos cuesta a los seres humanos, no necesita enmarcarse en un rol para hacerlo. Simplemente lo siente y lo transmite.